Viernes, 23 de Enero 2026, 11:26h
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En un mundo dominado por la utilidad inmediata, la información fragmentada y el entretenimiento efímero, la educación inspirada en el trilema clásico –Bonum (el Bien), Verum (la Verdad) y Pulchrum (la Belleza)– se nos antoja una antigualla. Arraigado en la tradición filosófica grecolatina y cristiana, no busca meros conocimientos técnicos ni competencias laborales, sino la elevación del alma hacia la excelencia humana. No es un lujo para élites, sino una necesidad para toda sociedad que aspire a la dignidad y la plenitud. Como defendía Platón en La República, la educación debe guiar al alma desde las sombras de la caverna hacia la luz del Bien supremo. Y este trilema nos ofrece un mapa completo: el Bien como brújula moral, la Verdad como fundamento racional y la Belleza como inspiración estética.
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