Volver

PATENTE DE CORSO

El ferroviario impasible

Arturo Pérez-Reverte

Varias veces he comentado aquí lo mucho que me gusta Italia. O para ser más exacto, los italianos. Quizá porque he visto muchísimo cine italiano ... de antes y de ahora, o porque los miro desde fuera y los vivo como privilegiado extranjero cuando estoy entre ellos; pero son mi debilidad. Me caen verdaderamente simpáticos. Siento una enorme indulgencia por sus defectos y una enorme admiración por sus virtudes. Me agrada esa especie de patriotismo cultural instintivo que se detecta incluso entre los analfabetos, conscientes de que alguna vez, en el pasado, fueron romanos y fueron muchas otras cosas. Me gusta esa dignidad guasona, ese choteo irreductible que siempre conservan por debajo del servilismo que los menos afortunados aparentan a veces para ganarse la vida. Me conmueve su orgullo de ser italianos, pese a todo cuanto les cae encima, pese a los Berlusconis y los Salvinis, pese a su variopinto pelaje, pese a lo maltratados que siempre fueron históricamente por los de fuera y por los de dentro. Me divierte su chulería macarra cuando tocan ese palo, o su elegancia cuando tocan el otro.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

El ferroviario impasible

[]

El ferroviario impasible