Cathie Wood
La gurú que revoluciona Wall Street
Todo Wall Street tiene los ojos puestos en esta gestora de fondos. Maneja activos por la friolera de 51.000 millones de euros y logra rentabilidades de más del 150 por ciento. Para unos es una visionaria; para otros, una kamikaze que lanza profecías. Ella lo tiene claro. Solo hay un fuerza por encima de la tecnología: Dios…
Wall Street tiene una nueva gurú. Se llama Cathie Wood (Los Ángeles, 65 años) y es una gestora de fondos que ha conseguido unas rentabilidades descomunales apostando a contracorriente. Tiene a los expertos divididos entre los que piensan que es un genio y los que predicen que se va a estrellar. Pero si cae, lo hará desde muy alto.
Uno de los grandes aciertos de Wood es que creyó en Elon Musk cuando el dinero huía de Tesla porque su promesa de que ... la conducción autónoma era casi una realidad no se había cumplido. Sigue sin cumplirse, pero a Wood no le importa porque sostiene que estamos en vísperas de un salto tecnológico nunca visto, y que las compañías que lo impulsen jamás tocarán techo. Derrocha optimismo y hay algo de mesiánico en su mensaje. No en vano, Wood tiene tanta fe en la tecnología como en Dios. Pero sus críticos advierten de que su estilo inversor solo funciona en los buenos tiempos. Con las vacas flacas sus apuestas se derrumban. Ya le pasó en las anteriores crisis.
Wood es CEO (presidenta) y CIO (directora de operaciones) del fondo ARK Invest, que ella misma fundó cuando le señalaron la puerta en la firma para la que trabajaba. ARK gestiona varios instrumentos de inversión relacionados con las tecnologías. El principal logró una rentabilidad del 152 por ciento en 2020 y ha subido otro 24 en lo que va de año. El despegue ha sido tal que Bloomberg ya la ha elegido como la mejor selectora de acciones del mundo. Su éxito le ha atraído un montón de dinero fresco. A comienzos de 2020, su gestora manejaba activos por valor de 3500 millones de dólares; hoy supera los 60.000 millones (51.000 millones de euros). Es la gurú de moda. Warren Buffett, el Oráculo de Omaha, ya tiene sucesora. Una pitonisa a la que le encanta lanzar profecías de las que muchos se ríen... Tal es su popularidad que hasta vende camisetas, algo que solo sucedía con las estrellas del deporte.
Tesla es su inversión de referencia. En febrero de 2018 vaticinó que las acciones superarían los 4000 dólares en cinco años. En ese momento solo valían 60 y los expertos aconsejaban quitárselas de encima. Pero desde entonces no dejan de subir y hoy valen 760 dólares. Wood necesita que a Elon Musk le vaya bien. Y viceversa: Musk necesita que Wood apueste por ella. Es un círculo virtuoso que atrae comentarios y dinero. No es casualidad que ambos se prodiguen en Twitter. Hay algo más. Una simpatía que va más allá del interés común. «Creo que Elon Musk entiende de qué va el asunto. ¡Por el amor de Dios, una de sus prioridades es salvar el planeta!», proclama Wood. También es una forofa de las criptomonedas. Asegura que el techo del bitcoin rondará los 400.000 euros, diez veces más que ahora. No es extraño, pues, que cada vez que abre la boca cause sensación o la ridiculicen. Sin término medio.
Asegura que su fe en Dios dirige sus decisiones de inversión y su compañía se llama ARK por el Arca de la Alianza
Su palabra fetiche es 'disrupción'. Sus fondos giran en torno a empresas con capacidad de cambiarnos la vida. «En el pasado, la electricidad, la telefonía y el motor de combustión interna fueron las innovaciones disruptivas. Hoy, las cinco principales plataformas de innovación son la secuenciación del ADN, la robótica, el almacenamiento de energía, la inteligencia artificial y la tecnología blockchain», explica.
Lleva 40 años haciendo enemigos
No es ninguna recién llegada. Dicen de ella que lleva 40 años «haciendo enemigos». Vive en Wilton, un pueblo de Connecticut. Divorciada, tres hijos, su exmarido murió en 2018. Republicana, apoyó la reelección de Trump «solo por su política económica». Hija de inmigrantes irlandeses, su padre –operador de radar en la Fuerza Aérea– le contagió la pasión por indagar debajo de la superficie, por destapar las conexiones entre las cosas o, como ella dice, «pelar la cebolla».
Fue a un instituto católico, solo chicas. Estudió Económicas en la Universidad de California con Art Laffer, uno de esos profesores que te marcan de por vida. Laffer es el inventor de la curva que mide la relación entre presión fiscal y crecimiento económico, es decir, cuánto se puede apretar al contribuyente sin ahogarlo. Le consiguió su primer empleo como analista en Jennison, una firma en la que Wood trabajó durante 18 años mientras criaba a sus tres hijos. Ya daba que hablar: Wood sostenía que los tipos de interés (por entonces, en dos dígitos) caerían en picado. Nadie la creyó. Pero los intereses empezaron a bajar a finales de los ochenta y propiciaron un chorro de dinero que fue a parar a las tecnológicas y que propulsó a la estratosfera a Google, Apple y Microsoft, pero también a miles de empresas que estaban muy sobrevaloradas. En 1998, Wood creó su propio fondo para surfear aquella ola, pero al poco estalló la burbuja 'puntocom' y tuvo que volver a trabajar por cuenta ajena.
Durante 12 años fue jefa de inversiones de AllianceBernstein. «Yo era como un perro que va buscando las sobras debajo de la mesa», recuerda. Olfateaba en lugares donde otros no se meten. Y descubrió algo fundamental: la innovación ocurre gracias a compañías que exploran caminos en los que confluyen múltiples industrias. Sin embargo, perdió la confianza de sus jefes a partir de la crisis financiera de 2008. Wood es optimista por naturaleza. Siempre invierte en positivo. No es de extrañar que en un contexto de caos y pérdidas naufrague. Cogió entonces sus cosas y se marchó. Encontró un refugio en la religión. Aunque proviene de una familia católica, vio la luz tras la caída de Lehman Brothers gracias al libro Jesús te llama, un superventas de Sarah Young, una exitosa autora presbiteriana. Y en la actualidad, Wood acude cada domingo a la Iglesia comunitaria Walnut Hill, una comunidad evangélica 'sin etiquetas'.
"Yo era como un perro que busca las sobras debajo de la mesa", recuerda. Olfatea donde otros no se meten
Asegura que la fe moldea su vida y sus decisiones de inversión. «Nunca apostaría contra los seres humanos que vendrán, mejorados por la tecnología. La historia está de nuestra parte», afirma. Wood no solo invierte, muestra el camino. En un sentido profundo, está dejando un legado. Fundó ARK Invest en 2014. Llamó a su compañía ARK por el Arca de la Alianza, el cofre que, según la tradición judeocristiana, guarda las tablas con los Diez Mandamientos.
Sus oficinas de Manhattan no tienen despachos. Wood se sienta en una silla alta, como la de los bares, y las mesas de sus empleados están dispuestas en círculo en torno a ella, de manera que puede hablar con cualquiera solo volviendo la cabeza. Es una cultura en la que cualquier idea merece ser considerada. Solo tiene 30 empleados; la mayoría, millennials. Durante tres años, ARK no tuvo inversores. Pagó los salarios con sus ahorros y trabajaban desde espacios de coworking o Starbucks. «Wood arriesgó su patrimonio personal porque estaba convencida de lo que hacía. Y yo me incorporé porque me deslumbró con su visión», contó Tom Staudt, un empleado, a la revista Barron. La sesión semanal de tormenta de ideas, que se transmite on-line, está abierta al público, incluidos analistas de firmas rivales. No es extraño que sea una celebridad entre los pequeños inversores. Desde luego, Wood les regala el oído a sus admiradores. «Me encanta ayudar a la gente a entender cómo va a cambiar el mundo no solo en sus carteras de inversión, sino en sus propias vidas, en las de sus hijos y nietos... Ayudar a todo el que quiera a pasar al lado correcto del cambio y beneficiarse del crecimiento exponencial que está despegando ahora».
Lo importante es acertar una vez, no muchas
¿Su secreto? No se dormía en las clases de estadística, en las que aprendió a sacar partido de un concepto del que pocos han oído hablar: la asimetría. Se trata de una característica de algunas distribuciones de la probabilidad. Por ejemplo, la probabilidad del éxito empresarial es muy asimétrica: esto significa que hay unos pocos ganadores y muchos perdedores. Es un patrón que se remonta casi un siglo, según demostró Hendrik Bessembinder, de la Universidad de Arizona. La mitad de las ganancias en renta variable desde 1926 la acaparan cien empresas de las 26.000 en total que han cotizado en Wall Street. Dicho en plata: si aciertas con uno de los que lo van a 'petar', te forras. Así que no tienes que acertar constantemente, basta con que lo hagas unas pocas veces.
Las compañías por las que apuesta la dama de Wall Street
ARK Invest se dedica a los fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés). Sus clientes pueden invertir de una tacada en varias empresas, agrupadas en un índice o pack temático. El valor de la acción se calcula con el promedio de las cotizaciones de las compañías que integran ese índice.
• Empresas de innovación disruptiva. Es el fondo principal y está encabezado por Tesla. Tiene participaciones en Square y Coinbase (finanzas), Roku y Spotify (televisión y música en streaming ), Zoom (comunicaciones)...
• Empresas de robótica y conducción autónoma. Tesla también es el valor con más peso, seguido de Trimble (logística) y Kratos (defensa y seguridad).
• La nueva Internet. Dedicada a la computación en la nube, ciberseguridad, comercio electrónico... Repiten muchos valores de su primer fondo.
• Revolución genómica. Farmacéuticas y biotecnológicas como Teladoc, Exact Sciences, Pacific, Fate Therapeutics, Regeneron... También tiene sendos fondos dedicados a las fintech (banca on-line ) y la exploración espacial, así como fondos especializados en impresoras 3D y compañías de Israel.
textoladillo=""Una cartera de sexo y violencia""]
Wood le ha devuelto el romanticismo a la Bolsa, el factor humano que se había perdido en estos tiempos de negociación algorítmica de alta frecuencia, que se basa en la velocidad para ganar una fracción de un céntimo, y que exige enormes volúmenes de inversión para ser rentable. Una inversión tan fugaz que va de un valor a otro en cuestión de segundos. Wood vuelve a las raíces: identificar a las empresas que garantizan el progreso y acompañarlas durante años. Buffet ha sido el gurú de referencia porque acertaba a largo plazo, aunque con un estilo más conservador. Woods es una visionaria a la que le interesan menos las cuentas de una empresa que su capacidad para cambiar nuestra forma de vida. «El resto de nosotros peleamos estúpidamente contra la tendencia del mercado, tratando de construir carteras equilibradas –dice un gestor de fondos rival–. La señora Wood, en cambio, da a la gente lo que quiere: una cartera de sexo y violencia sin diluir con cualquier cosa aburrida o insulsa».
Sus detractores la comparan con los gestores de los noventa, aquellos tiburones que subieron a lo alto cuando se infló la burbuja de las tecnológicas y desaparecieron tras su estallido. Y le reprochan la temeridad de tener todos sus huevos en pocas cestas: sus inversiones están concentradas en dos docenas de empresas. Con un problema añadido: ARK se ha hecho demasiado grande. «Un bendito problema cuando cobras 75 céntimos por cada 100 dólares que gestionas», matiza The Economist. Pero un problema, al fin y al cabo, porque en los corrillos siempre se ha dicho que todo gestor de activos exitoso descubre que hay un tamaño a partir del cual la magia deja de funcionar. Woods es la heroína de los advenedizos que se citan en foros como Reddit, pero ahora maneja también un caudal procedente de los fondos de pensiones, que exigen rentabilidades inmediatas y suculentas. «Cathie Wood lleva mucho tiempo por aquí, pero en cierto sentido es una novedad. Se tiene la impresión de que es más astuta que Wall Street, más astuta que la sabiduría convencional. Pero sus fondos son historias de mercados alcistas; y les irá mal en un mercado a la baja», reflexiona John Rekenthaler, analista de Morningstar. Una dinámica que se ve agravada por el alto perfil de Wood, que alienta a miles de inversores a imitarla. Esto impulsa los precios al alza, pero empeorará las cosas si hay una desbandada. E incluso sus fans reconocen que, por muy loable que sea su intención de financiar a aquellos que garantizan el progreso, acertar nunca es fácil. Y a veces es imposible. Porque es muy probable que algunas de las empresas que liderarán el futuro ni siquiera existan aún.
-
El vaso siempre lleno
Por qué Wood cree que todo va a ir bien
Cathie Wood basa su optimismo inversor en las dos leyes que sirven para medir la velocidad de los avances tecnológicos:
→ LA LEY MOORE
Sostiene que los chips duplican su capacidad cada dos años. Así que la industria siempre tiene el aliciente de fabricar nuevos aparatos porque cada dos años se quedan obsoletos y hay que reemplazarlos. Como estamos llegando a los límites físicos de la materia en cuanto a miniaturización, ese progreso podría quedar frenado, según algunos expertos. Pero Wood cree que no será así gracias a otra ley...
→ LA LEY DE WRIGHT O CURVA DE APRENDIZAJE
Es un concepto que fue definido por el ingeniero aeronáutico Theodore P. Wright en 1936. Esta ley afirma que, a medida que una operación se repite, hay una reducción del tiempo empleado para realizarla. En la actualidad, y gracias al aprendizaje automático propiciado por la inteligencia artificial, que permite a las máquinas aprender por su cuenta sin necesidad de una programación específica, esa reducción es cada vez mayor y puede llevar a una aceleración nunca vista. Wood invierte en empresas que aspiran a liderar ese salto tecnológico.
Noticias relacionadas
-
Carlos Manuel Sánchez
-
Carlos Manuel Sánchez