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«Un virus me salvó la vida»

Fagos, cuando los antibióticos no curan La solución a las infecciones resistentes a los antibióticos

«Un virus me salvó la vida»

Las infecciones resistentes a los antibióticos matan ya a tantas personas como los accidentes de tráfico. Y, en breve, a tantas como el cáncer. ¿Es inevitable? Unos virus llamados 'bacteriófagos' pueden ser la respuesta definitiva contra las superbacterias.

Anna Yuste tenía 20 años cuando una bacteria, Mycobacterium abscessus, comenzó a destruir sus pulmones. A pesar de su fibrosis quística, había llevado hasta entonces una vida relativamente normal. Cuando el patógeno comenzó a colonizar sus órganos, sin embargo, todo se vino abajo. «Me dieron antibióticos, ni sé cuántos, de todo –relata ocho años después–, pero la bacteria resistía». Y así transcurrió su vida hasta que el progresivo deterioro pulmonar se aceleró y la medicina, finalmente, se quedó sin balas. O, según la descripción facultativa, «enfermedad respiratoria terminal sin alternativa terapéutica».

El golpe fue demoledor. Solo un trasplante podría salvarle la vida... o no. Los fármacos inmunosupresores, obligatorios para evitar el rechazo a unos nuevos ... órganos, debilitarían su ya castigado sistema inmune. Y con una bacteria multirresistente ¿cuánto tardaría en infectarlos? Y, entonces, ¿qué? ¿Otro trasplante?

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