Carlos Manuel Sánchez en colaboración con fundación BBVA
Viernes, 12 de diciembre 2025, 12:32
Europa, Estados Unidos, China… Estamos en una carrera. La lógica es muy simple: el que tenga la computadora más rápida, gana. Si superas en velocidad de cálculo a tus rivales, estarás en una posición de dominio», sentencia Silvina Caíno-Lores (Montevideo, 1991). Parafraseando a Tolkien, un ordenador para gobernarlos a todos. «La ventaja decisiva puede que venga de un supercomputador clásico, de un ordenador cuántico o de algo totalmente diferente que ni siquiera podemos imaginar», añade esta científica que se formó en la Universidad Carlos III de Madrid y fue galardonada por la Fundación BBVA y la SCIE en 2020 por su contribución a la gestión de flujos de datos masivos.
Estuvo cinco años en Tennessee (Estados Unidos). «Los americanos lo tienen muy claro: el dinero se canaliza a través de los departamentos de Energía y ... Defensa; y tu investigación hay que encajarla en la estrategia nacional». Desde 2023 trabaja en el centro de investigación francés Inria. «En Europa tengo más libertad para explorar. Un investigador no es un ingeniero o un emprendedor. Su enfoque debe ser más profundo», reflexiona. «Puede que no llegue a nada tangible. Pero lo mismo, dentro de veinte años o cuando me jubile, alguien ve mi trabajo y tiene una idea».
Su proyecto actual –«mi bebé», lo llama– es investigar qué técnicas pueden facilitar el uso de ordenadores cuánticos en la nube. «La computación cuántica genera esperanzas inmensas. Es verdad que no está madura, pero me obliga a repensar. ¿Cómo calcula un ordenador? ¿Cómo abstrae? Quizá lo que yo investigo no cambie nada o quizá lo cambie todo».
«Cuando le das espacio a un investigador, florece lo inesperado». La sorpresa puede venir de ideas aún más radicales. «A mí me fascina la computación no convencional. En especial, la que tiene un sustrato biológico. Imagina un mundo en el que todas las plantas forman un superordenador planetario. La evolución ha gestionado maravillosamente muchas cosas. ¡Aprendamos de ella!». Y describe cómo funcionaría ese ordenador biológico: «Un bosque es como un inmenso centro de datos distribuido, donde cada árbol es un nodo y los micelios son como cables de fibra óptica que los conectan a kilómetros de distancia, intercambiando nutrientes y señales químicas».
«Mi ámbito son los flujos de trabajo o workflows: tareas complejas que saltan de un supercomputador a la nube y de ahí a máquinas distribuidas por el mundo que trabajan juntas».
«Estudio simulaciones que 'corren' mientras se analizan sus resultados y se entrenan modelos de IA. Resuelvo problemas de optimización, costes, regulaciones de privacidad…».
«Mis workflows suelen ser científicos: imágenes de telescopios, hospitales... Pero hay en todas partes. Amazon procesa qué miras, qué compras y hasta de qué te arrepientes».
«En mi tesis reconcilié el big data con la supercomputación; ahora pruebo con la cuántica. Nadie sabe aún para qué servirán los ordenadores cuánticos, pero pueden cambiarlo todo».
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