Carlos Manuel Sánchez en colaboración con fundación BBVA
Viernes, 17 de octubre 2025, 13:20
Hay problemas tan complejos que un ordenador normal tardaría años en resolverlos: simular cómo se comporta un avión en vuelo, predecir el clima... Para eso existen los superordenadores, que solo tardan unas horas», explica Rocío Carratalá (Nules, Castellón; 1993), galardonada por la Sociedad Científica Informática de España y la Fundación BBVA. Su trabajo lo publica en bibliotecas de código abierto: «Me hace feliz que otros investigadores puedan usar lo que yo hago y construir sobre ello».
Carratalá ha trabajado en el Barcelona Supercomputing Center, en las sucesivas versiones del superordenador MareNostrum. «Es un lugar mágico. Una capilla desacralizada donde suenan cantos ... gregorianos y con un montón de luces parpadeando en la penumbra. La computación clásica trabajando a su máxima potencia…», describe. Sobre la computación cuántica se muestra más cauta. «Tenemos todas las piezas del puzle revueltas, pero algún día se lograrán cosas muy chulas». Y reconoce el 'pique' entre ambas ramas. «La cuántica y la clásica son como dos hermanos que se quieren a morir, pero se llevan a matar. En algún momento se complementarán, pero todavía falta».
Le preocupa el uso cada vez más extendido de ChatGPT como confidente: «Creo que el problema de fondo no es tecnológico, sino social. ¿Qué estamos haciendo mal en nuestras familias o con nuestras relaciones para que nos dé vergüenza pedir consejo y confiemos en la inteligencia artificial?», se pregunta. «Se nos olvida que un algoritmo ni tiene conciencia ni ética, ni empatiza contigo. Lo único que va a hacer es darte una respuesta que se parece a lo que te podría decir un amigo».
Ante el auge del negacionismo, Carratalá hace autocrítica: «Creo que algunos científicos están demasiado cómodos en sus cubículos. Por el contrario, los negacionistas tienen un discurso muy ensayado. Eso hace que mucha gente se deje llevar por un hilo argumental basado en falacias». La solución pasa por la divulgación: «Es un ejercicio de responsabilidad que tenemos que hacer entre todos. Por eso, iniciativas como la de la Fundación BBVA para dar visibilidad a la ciencia rigurosa son cada vez más necesarias».
«Trabajo con matrices jerárquicas (como hojas de cálculo con billones de números) y he creado una forma de comprimirlas para quedarme con lo más importante y apartar el resto».
«Mis herramientas permiten a los superordenado-res ahorrar mucho tiempo de computación y gasto de energía. Una aplicación es el diseño de aeronaves».
«También analizo las ondas de los electrocardio-gramas y encefalogra-mas para ayudar a los médicos a tomar mejores decisiones; y enseño a la IA a reconocer nuestras emociones».
«Investigo cómo hacer que la ciencia sea reproducible, es decir, que cualquier investigador pueda llegar a las mismas conclusiones en un experimento, algo fundamental para el método científico».
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