
La Guardia Civil ha detenido en Pontevedra a una persona e investiga a, al menos, otras dieciséis, por la venta ilegal de esta benzodiazepina
13 feb 2025 . Actualizado a las 18:21 h.Una persona ha sido detenida y otras dieciséis están siendo investigadas en la provincia de Pontevedra por su presunta vinculación con la distribución y venta ilegal de clonazepam (Rivotril, por su nombre comercial), un fármaco de la familia de las benzodiazepinas cuya indicación, según la ficha técnica de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), es como tratamiento antiepiléptico. Con ese uso fue autorizado en el año 1974, sin embargo es ampliamente empleado como tranquilizante en trastornos de la esfera psiquiátrica y ante otro tipo de patologías, como cuadros de síndrome de piernas inquietas. En los últimos meses, el clonazepam ha acumulado más fama debido su uso como ingrediente para la elaboración de karkubi, un término que que más que para referirse a una droga en concreto, se emplearía para designar a cualquier cóctel de sustancias que incluyan esta benzodiazepina. Así, el karkubi puede ser una mezcla de clonazepam con hachís, alcohol o, en algunos casos, pegamento. De ahí, algunos de los sobrenombres que se han popularizado como el poco preciso y muy valorativo «droga de los pobres».
De hecho, la definición de karkubi es tan volátil que, según indica Claudio Vidal, psicólogo y director estatal del programa de invervención Energy Control en un artículo elaborado sobre su consumo, a veces cuesta distinguir si estamos ante un tipo de sustancia o ante una práctica. Para que se entienda, el karkubi sería un término con connotaciones similares al de botellón, que consiste en grandes ingestas del alcohol en la calle independientemente de si hablamos de vino, cerveza o ron. En cualquier caso, sí estaríamos ante una práctica importada del Magreb que parece estar ganando cierta fama y presencia. ¿Pero hasta qué punto su uso se ha popularizado?
Al igual que sucede con todas las drogas, es complicado hacerse una foto fija de la situación. Es común que cada cierto tiempo salten alertas sobre nuevas sustancias —o viejas, porque el uso de clonazepam tiene más de cincuentas años de tradición en España— que amenazan el potencial bienestar de la población. Uno de los ejemplos más recientes es el del fentanilo, un problema muy grave entre la sociedad estadounidense ante el que las alarmas todavía no se han encendido en Europa. Los primeros signos de alerta suelen estar en dos puntos: en primer lugar, en las Urgencias médicas, que son los que atienden las crisis derivadas del consumo —este fue el origen de la operación de la Guardia Civil realizada en Cangas—; y en segundo lugar, en las incautaciones realizadas por las autoridades. El Ministerio del Interior publica anualmente una memoria sobre las incautaciones de sustancias ilegales en España. El último informe con datos completos se corresponde al año 2022 y, con respecto a las intervenciones de clonazepam realizadas, se apreció un descenso de más de 66 %. De las 257.963 unidades intervenidas en el 2021, se pasó a 86.998 en el 2022.
Benzodiazepinas y su potencial adictivo
El tráfico ilegal de benzodiazepinas es sobradamente conocido. Existen sobrados testimonios que atestiguan un mercado negro de fármacos de esta famillia. El clonazepam (Rivotril) es uno de ellos, pero también de otras moléculas como el alprazolam (comercialmente conocido como Trankimazin) o el diazepam (comercializado y popularizado bajo el nombre Valium).
Las benzodiazepinas son fármacos que pueden dar lugar a la aparición de dependencia física o psicológica, una característica que figura reflejada en la ficha técnica de cualquiera de estos fármacos. Por ello, los tratamientos deben ser estrictamente pautados por profesionales a dosis que impidan acabar desarrollando un problema de adicción. «El riesgo de dependencia, que aumenta en relación directa con la dosis y la duración del tratamiento, es especialmente elevado en los pacientes con antecedentes de alcoholismo y/o drogadicción. Se ha notificado abuso en pacientes consumidores de más drogas», se expone en la ficha de clonazepam en AEMPS. Alargar el tratamiento con esta benzodiazepina o sobrepasar la posología terapéutica implica la aparición de síntomas que deben generar alerta. Entre ellos, los problemas de movilidad, la visión doble o los problemas de memoria. Esto sobre el abuso, en cuanto al uso, el prospecto del clonazepam ya detalla posibles efectos adversos relacionados con el consumo de este ansiolítico y antiepiléptico como alteraciones del estado de ánimo, irritabilidad o pérdida de la capacidad de concentración.
¿Por qué se consume el «karkubi»?: potenciando los efectos psicoactivos
Es difícil controlar las dosis en un consumo no reglado y no terapéutico. Y de la dosis depende el que un medicamento pase de fármaco a veneno. Ese es uno de los grandes riesgos de este karkubi, que busca potenciar los efectos psicoactivos de las drogas mezclándolas.
Independientemente del abuso de derivados de la benzodiazepina en las calles, subyace un problema de fondo: España lidera el consumo de psicofármacos en el mundo. No obstante, y tras el pico de prescripciones que se produjo durante la pandemia, los últimos datos sobre recetas dispensadas de fármacos de esta familia por el Sistema Nacional de Salud parecen estar a la baja. Los últimos datos publicados por Sanidad —correspondientes a agosto del año 2024—, muestran una caída del 3,16 % en la comparación interanual y de casi un 6 % con respecto al mes anterior. Se trata de medicamentos financiados por el sistema público —por tanto, baratos; su precio con receta no supera en ningún caso los 2 euros en concentraciones de 0,5 miligramos—, ampliamente recetados, pero que cuentan con importantes mecanismos de control a la hora de adquirirlos ya que es necesario presentar el DNI para obtenerlos en la farmacia. De hecho, desde el 1 de enero del 2024, en el ámbito del Sistema Nacional de Salud, la prescripción de medicamentos que contengan clonazepam solo puede ser realizada mediante receta electrónica. Sin embargo, su precio puede multiplicarse en el mercado ilegal.