¿Cómo se reparten los PAC? La regla del quince en la red sanitaria gallega

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

El PAC de Lugo.
El PAC de Lugo. Laura Leiras

Los puntos de atención continuada asumen las urgencias en el rural de la comunidad, caracterizado por una población dispersa y envejecida

04 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando dan las tres de la tarde y el centro de salud de Negueira de Muñiz, todavía conocido como consultorio, cierra sus puertas, los 150 habitantes del municipio lucense, del menos habitado de Galicia, pueden acudir, en caso de urgencia, al punto de atención continuada (PAC) de A Fonsagrada. Lo mismo le sucede a los 336 vecinos de A Teixeira, a los 379 de Beade o a los 427 de Larouco, los tres en Ourense y que le siguen en el ránking con menos vecinos.

Los PAC son figuras indispensables en la atención sanitaria de urgencias; sin embargo, su papel es, si cabe, más importante en el rural gallego, caracterizado por núcleos de población muy dispersos y unos habitantes envejecidos, que tienden a la pluripatología y a la cronicidad de enfermedades.

Según un estudio de la Fundación Adecco, en esta esquina de la península, el envejecimiento alcanzó su cifra récord en el 2024. Había 224 personas mayores de 64 por cada cien menores de 16. En el contexto nacional, solo es superada por Asturias, con 257 mayores por cada cien con menos de 16. La edad se suma, a su vez, a la cronicidad de enfermedades y a un mayor consumo de recursos médicos. En la comunidad gallega, las principales causas de muerte enfermedades del sistema circulatorio, tumores, patologías respiratorias, trastornos mentales del comportamiento y enfermedades digestivas— coinciden con condiciones que suelen acumularse con la edad y requieren un manejo complejo y multidisciplinar.

El nacimiento de los PAC

En el contexto de una población envejecida y repartida por el territorio, de lo que ya se alertaba a comienzos del milenio, los puntos de atención continuada se crearon en la comunidad a través del Decreto 172/1995, del 18 de mayo, por el que se aprobó el Plan de Urgencias Extrahospitalarias de la Comunidad Autónoma de Galicia.

Con ellos, se afianzó la asistencia sanitaria de urgencia y permanente, más allá de los hospitales, con presencia física de los profesionales. Jesús Sueiro, médico de familia en el centro de salud Concepción Arenal, de Santiago, y miembro de la directiva de la Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria (Agamfec), recuerda que, cuando aparecieron, supusieron una gran ventaja: «Había ayuntamientos que, igual, solo tenían tres médicos, y debían estar de guardia localizada cada tres días. Dejaban un cartel con su teléfono y si alguien tenía un problema los llamaban para acudir», señala. Para el paciente, esta organización implicaba que el profesional no estaba en su consulta, sino que debía esperar a que llegase. Para el sanitario, la frecuencia con la que debían hacer guardias era muy elevada.

La creación de los PAC supuso la agrupación de los centros de salud con pocos médicos en nuevos puntos de atención ubicados en la cabeza de cada comarca. «Se juntaron varios centros y pasaron de hacer guardias localizadas a presenciales y, además, con una mayor rotación», explica el médico. Algo que permitió un mayor descanso a los profesionales.

En la actualidad, los PAC son los encargados de dar servicio, con carácter general, desde las tres de la tarde hasta las ocho de la mañana del día siguiente de lunes a viernes; y en horario completo los fines de semana. Aunque hay excepciones. Es el caso del PAC A Pobra do Caramiñal y de Rianxo, que no atienden por la tarde. Eso sí, tienen un punto cercano. Forman parte de los recursos de atención primaria y nacen del derecho del paciente a tener una oferta continuada de la asistencia médica para aquellos problemas que no pueden demorarse, pero sí pueden ser resueltos en este primer nivel asistencial; ya sea para darle una solución o para su derivación a otro nivel.

Realmente, al PAC pueden llegar todo tipo de urgencias. El médico responsable tiene la potestad para derivarla al hospital siempre y cuando la gravedad lo requiera. «Puede suceder que alguien tenga un dolor torácico, acuda a su PAC, y aquí se le haga un electrocardiograma. Ante la sospecha de un cuadro de infarto, le darán la medicación, lo estabilizarán y harán la llamada al 061 para que salga en ambulancia camino al hospital», precisa Sueiro. Además, a diferencia de este, los profesionales del primer nivel asistencial también las atienden en el domicilio y en la vía pública.

Un termómetro del territorio

Los puntos de atención continuada aportan muchos datos del contexto que les rodea y de la gente que los visita. Su localización habla, por ejemplo, de la dispersión de sus vecinos. De las, aproximadamente, 62.000 entidades de población que se extienden por España, Galicia tiene casi la mitad, aún cuando no llega a ocupar el 6 % del territorio nacional. Para más inri, una amplia mayoría están habitadas, a excepción de unas 2.000. La dispersión es mayor en las provincias de Lugo y de Ourense, aunque tengan menos habitantes que A Coruña y Pontevedra. Hoy, el 97 % de los gallegos vive en apenas el 34 % del mapa. Según el Instituto Galego de Estatística (IGE), la mayor densidad se localiza en las siete grandes ciudades y sus áreas metropolitanas, seguidas de los grandes ejes costeros de las Rías Altas y Baixas y, ya en el interior, de focos concretos como Verín, Monforte de Lemos u O Barco de Valdeorras.

Además, la población se articula en torno a las principales vías de alta capacidad, como la AP-9, la A-52 o la AP-53. Un patrón que refuerza la idea de que las comunicaciones siguen siendo un factor clave a la hora de fijar población.

Así, esta lógica se extrapola al mapa de los PAC. Esta figura tiende a concentrarse en torno a los núcleos urbanos más poblados y a las principales vías de comunicación. En A Coruña y Pontevedra se observa una mayor densidad de PAC cerca de las ciudades y áreas metropolitanas , mientras que en Lugo y Ourense los puntos de atención están más dispersos, reflejando la menor densidad poblacional y la mayor extensión rural de estas provincias.

En el mapa también se identifican zonas de especial atención, situadas en el este y sureste de Galicia, que coinciden con territorios más despoblados o de difícil acceso. En estas localidades, con población escasa y envejecida, se requieren medidas adicionales para garantizar que los vecinos puedan recibir atención urgente sin recorrer largas distancias.

Los concellos que se dividen entre dos PAC se ubican generalmente en zonas limítrofes, donde la población es escasa y los desplazamientos más largos. De esta forma, por ejemplo, algunos vecinos de Aranga tendrán asignados el PAC de Betanzos; mientras que otros tendrán que desplazarse al de Teixeiro (Curtis).

La espera en urgencias no solo habla acerca de su territorio, sino de la atención sanitaria en general y la presión asistencial. Se ha visto que cuando un centro de salud está colapsado, aumenta la demanda del PAC. «Si la cita con tu médico de cabecera no está disponible hasta dentro de diez días, vas al PAC. No es que uno tenga algo urgente», comenta el médico de familia. En resumidas cuentas, esta figura acaba absorbiendo a lo que no se hace frente desde el centro de salud. La rueda continúa con las urgencias hospitalarias. Cuando la espera en el PAC es muy larga, el paciente sube al siguiente escalón: el hospital. «Por eso es tan importante la atención primaria y reforzar la figura del médico de familia. Si la gente puede llamarnos y pedir cita para el día siguiente, las urgencias disminuirían una barbaridad», reivindica el miembro de Agamfec.

Noventa puntos

En la actualidad, Galicia dispone de noventa PAC. En su momento, se organizaron en base a cuatro criterios: número de habitantes y demanda atendida; dispersión geográfica y comunicaciones viarias; facilidad de acceso al hospital de referencia y los recursos actuales disponibles.

Ahora bien, en los construidos en zonas rurales, primó una norma: estructurarlos alrededor de una ratio de población de 25.000 habitantes. Eso sí, siempre y cuando se respetase un límite de treinta minutos de viaje entre las localidades y su PAC de referencia, y teniendo en cuenta las comunicaciones viarias y el lugar de atención. Todo ello puede hacer que la ratio varíe.

Los puntos de atención continuada tienen una carácter supramunicipal. Por esta razón, puede darse que varios concellos lo compartan. Algo que no sucede con los centros de salud, ya que cada ayuntamiento tiene que tener uno. En todos existe personal médico, de enfermería, personal no sanitario de apoyo y, en algunos, precisan desde el Sergas, técnicos de radiología.

Y sí, cada uno debe acudir al PAC que le corresponda. Ante la duda, se puede contactar con el 061, que como coordinador de urgencias y emergencias indicará el adecuado. Con todo, sentido común. Si la urgencia lo precisa, la atención médica se asegura en cualquier lugar.

No solo esto, sino que el sistema también contempla la atención a las zonas especiales de alta montaña que, en argot administrativo, se conocen como Zonas Especiales de Urgencia: A Mezquita y A Gudiña; O Bolo y A Veiga; Cervantes y Navia de Suarna-Pedrafita do Cebreiro y Folgoso do Courel. En todas ellas, además de haber un PAC de referencia, existen dispositivos especiales formados por personal de medicina y enfermería que hacen guardias localizadas de tarde en el propio municipio: «Hay zonas que tienen un tratamiento especial por aislamiento y por dificultad de acceso», comenta Sueiro. La elección de solicitar la ayuda de uno u otro es decisión del paciente.

En definitiva, la estructura de los PAC responde a un entramado complejo, condicionado por la dispersión geográfica, el envejecimiento de la población y la elevada incidencia de enfermedades crónicas. La regulación de su ordenación asegura que la asistencia sea homogénea en todo el territorio. Ahora bien, la atención sanitaria en entornos rurales no podría entenderse sin la figura de la farmacia. Y por eso, en la norma de los PAC, se contempla que siempre debe haber una botica de guardia a una distancia de quince minutos o quince kilómetros. Según precisan fuentes del Sergas, calculado en coche y según Google Maps.

Las farmacias de guardia, un recurso esencial para los PAC

La regla de los quince kilómetros o minutos entre el PAC y su farmacia de referencia se traduce, sobre el papel y en la práctica, en una arquitectura de guardias pensada para no dejar a nadie atrás. La normativa permite que las farmacias del rural y de las zonas semiurbanas compartan turnos incluso entre distintas áreas, siempre que, en el entorno del PAC de referencia, haya una botica abierta las 24 horas del día. La clave está en la cercanía: que no se exceda la regla del quince. En los municipios que carecen de punto de atención continuada, la norma introduce margen y sentido común: algunas farmacias pueden quedar exentas de guardias, sobre todo nocturnas, o rotar con las de concellos próximos. Una fórmula flexible que reconoce la dispersión del territorio y refuerza, al mismo tiempo, el papel de la farmacia como último faro sanitario cuando llega la noche.

Tener un farmacéutico de confianza vale oro. Lo sabe Sara Catrain, presidenta del Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña (COFC), que ha abierto las puertas a todo tipo de problemas para darle ayuda. «Hay muchas veces que los pacientes vienen a nosotros antes de ir al médico», destaca la titular de Farmacia Nueva de Padrón, la villa en la que lleva ejerciendo desde 1987. Es el caso, por ejemplo, de los peregrinos, que suelen acudir con muchos problemas en los pies.

También atienden a diario y semanalmente a vecinos de municipios aledaños. Para todos, los de aquí y los de allí, la palabra de su farmacéutica va a misa. «Hay un perfil de gente de la que nos sabemos sus medicamentos de memoria y, si se quedan sin ellos, incluso llamamos a su médico para que active de nuevo la receta», cuenta Catrain, cuya experiencia pone en valor el papel del boticario a la hora de detectar, a su vez, problemas de salud.

La presidenta del COFC habla de un perfil típico de gente mayor que pasa de acudir en matrimonio a la farmacia a que, después del fallecimiento de la mujer, él acuda solo. «Al principio todo va bien, pero al cabo de dos o tres meses, observamos un deterioro en él a nivel físico. A partir de ahí, ya te das cuenta de que no toma bien la medicación y que se arma un lío». La soledad no deseada es un problema al alza que también traspasa la puerta de la farmacia.

La labor de los boticarios también ayuda —tanto en el rural como en la ciudad— a derivar urgencias. Catrain recuerda cuando, en una ocasión, un señor con síntomas de ictus llegó a la farmacia pidiendo algo para aliviar el malestar; o cuando un matrimonio conocido en su zona, que iba a la farmacia en tractor, comenzaron a manifestar signos de demencia.

Pese a que la botica de la presidente del COFC esté en Padrón, reconoce que, en noches de guardia, las urgencias se reparten a la mitad entre el PAC de referencia y el hospital. «Del primero suelen acudir por infecciones respiratorias o urinarias, y desde Santiago, por patologías más complejas, como una cardiopatía o una diabetes que se ha descompensado», resume la sanitaria.

En los municipios en los que no hay un punto de atención continuada, la farmacia se convierte en el centro de atención de referencia cuando el de salud no está abierto. En esta situación, se vuelve más importante la labor educativa que tiene el farmacéutico. Catrain recuerda que forma parte de su trabajo. «Tengo la obligación de comprobar que no haya interacción entre los medicamentos que la persona toma, que entiende la posología o que, simplemente, te cuentan que van a comer ese día y como ya sabes que tiene el colesterol muy alto, le dices que eso no le conviene», ejemplifica la experta sin dejar pasar la oportunidad para reivindicar, de igual manera, la parte social de su trabajo.

«Hay gente que viene casi todos los días, de la que conocemos su situación personal y a la que hacemos compañía. ¿De qué sirve que le den antidepresivos si luego no tienen con quién hablar», señala la farmacéutica. Pese a que la profesión sanitaria sea, en sus formas, algo vocacional, la atención se ve recompensada por los pacientes en sí.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.