Ricardo Yáñez padece trastorno bipolar: «Me dio un brote psicótico, creía que tenía superpoderes, que podía con todo»

SALUD MENTAL

Períodos cíclicos de excitabilidad o manía, que pueden durar días o meses, y fases de depresión. Así puede resumirse esta patología que se calcula que padecen 40 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud
31 mar 2025 . Actualizado a las 14:20 h.Ricardo Yáñez comenta su disponibilidad para hablar con La Voz teniendo en cuenta la de otra persona que forma parte de su día a día desde hace tres años: su nieto. Matiza que no es de sangre, porque es la descendencia de su hijastro, «pero para mí es como si lo fuese». Lo define como «un pequeño maestro» que ha llegado para enseñarle algo en la vida. «Me ha demostrado que sí que puedo». Puede estar solo con él en casa, cambiar pañales, aguantar sus pataletas para salir al parque y jugar a ser su superhéroe preferido, Spiderman. «Aunque a veces nos enfadamos (ríe), soy feliz». Porque hubo un tiempo en el que Ricardo pensó que no sería capaz de todo esto. Sobre todo, en el 2018. El año en el que le diagnosticaron trastorno bipolar.
Tiene 56 años y nació en Cedeira. A los 18, se trasladó a Madrid con su familia, pero a los meses volvió a Galicia, donde se licenció en Económicas. Se casó y se vino a vivir a A Coruña —donde sigue residiendo a día de hoy—. «En el 2007 me divorcié, pasé a vivir solo y a llevar una vida descontrolada. Dormía poco, trabajaba mucho y hacía muchas tonterías. Mi estado de ánimo era oscilante, pero no era consciente porque nunca había escuchado hablar sobre la depresión y, mucho menos, de la manía». Ricardo empezó a sentir en sus propias carnes lo que él mismo denomina «la pandemia actual»: el estrés. «Este se empezó a prolongar en el tiempo y ya en esos años, aparecieron episodios de falta de autoestima, de propósito, de no querer hacer las cosas, de querer meterme en cama. En definitiva, síntomas de una depresión». Pero una vez superada esta fase, apareció la otra cara de la moneda, la euforia.
En el 2015, Ricardo se vuelve a casar con la que a día de hoy es su mujer. Y en el 2018, llegó un signo que marcó un antes y un después. «Me dio un brote psicótico, que es cuando sufres alucinaciones. Me creía que tenía superpoderes, que podía con todo», confiesa. Menciona varios pródromos que forman parte de la manía: «Dormir poco y levantarte como si estuvieras chutado, estás más irritable, quieres atraer la atención de los demás, sentirte protagonista y tienes tal desequilibrio que ves incluso oportunidades de negocio donde cualquier otra persona va a ver que te vas a meter, con perdón, una hostia».

El diagnóstico
Fue ahí cuando su hermana y su mujer tomaron cartas sobre el asunto. «Junto con una vecina, que es doctora, me engañaron un poco y me llevaron al hospital. Y como yo no consideraba que estuviese enfermo, pensé que no iba a pasar nada». Allí le trasladaron que debía quedar ingresado en Oza. «Quince días más tarde, me diagnosticaron: tengo trastorno bipolar tipo 1; en mi caso, predomina más la euforia que la depresión». Al mes recibió el alta. «Me dan una medicación que tengo que tomar para toda la vida y una serie de pautas de lo que debo hacer. Se pusieron muy estrictos y esto también quiero recalcarlo yo: nunca se debe dejar. Que nadie haga eso, porque hacerlo te puede llevar incluso a pensar en el suicidio».
Desde ese momento, tan solo sufrió una depresión, «pero muy atenuada». Ha aprendido a gestionarse. «La medicación es impepinable la tomo todos los días, pero cuando me siento saturado, un pequeño dolor de cabeza o falta de concentración, aprendí a autorregularme; cojo, me voy a la calle y me doy un paseo».
Remarca que «no es que te den el alta del ingreso y ya», sino que se trata de un proceso. También ha instaurado hábitos de vida que sigue a rajatabla: «Una buena alimentación, hacer ejercicio moderado y tratar de dormir mínimo unas ocho horas». Se ha marcado como propósito ser coach de oratoria y, si bien sufre oscilaciones de ánimo, «no me cuesta nada pedir perdón cuando eso sucede». Una mala contestación, un cambio de humor. «Aprendí a perdonarme y a explicar a mi mujer e hijos por qué me pasa lo que me pasa y disculparme si he pasado la línea. La depresión es vivir en el pasado, la ansiedad en el futuro y solo se puede vivir en el presente», reflexiona Ricardo. Con todo, es consciente de que su bipolaridad es «suave» en comparación con otros casos.
« Aprendí a perdonarme y a explicar a mi mujer e hijos por qué me pasa lo que me pasa y disculparme si he pasado la línea»
Aunque salió de aquel ingreso en Oza con muchos folletos y papeles, no fue hasta hace dos años cuando, ordenando, se encontró uno de Asbiga (Asociación Bipolar de Galicia). «Creo que fue una señal», asegura. «Fui con el ánimo de ayudar, pero se me enseñó la humildad de escuchar. Allí soy Ricardo Yáñez, enfermo bipolar y formo parte de un grupo de apoyo». Estar en la entidad, junto con el día a día con su nieto, «son las dos palancas principales en las que me apoyo para estar como estoy; por eso mi mensaje es que sí, se puede».
Sobre el trastorno bipolar:
Un 0,5 % de la población está diagnosticada con un trastorno bipolar, según la Organización Mundial de la Salud.
El primer episodio suele presentarse como una depresión entre los 15 y los 25 años.
- Qué es. «Se trata de una enfermedad crónica en la que se produce una alteración de los mecanismos que regulan las emociones y el humor que tiene una persona», explica Carina Fernández, psicóloga y coordinadora de Servicios y Programas de Feafes Galicia.
- Fases. «Se dan períodos de depresiones mayores que se alternan con otros de manía o hipomanía, euforia, desinhibición de la conducta e hiperactividad», indica Ana González-Pinto, vocal de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental.
- Tipos.
- En el trastorno bipolar tipo 1 se dan uno o dos episodios de manía y al menos uno de depresión.
- En el tipo 2 el paciente alterna episodios depresivos mayores, uno o más, con al menos otro de hipomanía -una manía de menor grado-.
- Y en tercer lugar, el trastorno ciclotímico o ciclotimia: una alteración crónica con numerosos períodos que comportan síntomas hipomaníacos y depresivos, pero que no aparecen con la gravedad y en la cantidad suficiente como para poder hablar de una fase de hipomanía o depresiva.
- Dificultades en el diagnóstico. Una de las confusiones se da cuando la manía se desarrolla en la adolescencia. «La persona está hiperactiva, tiene conductas impulsivas y a veces se les diagnostica erróneamente con un TDAH, hiperactividad o impulsividad», comenta Fernández. Debido a las alteraciones de la realidad y alucinaciones, que pueden llegar a sufrir algunos pacientes, Fernández apunta a otro tipo de equivocación: «Se suele dar un tratamiento para la esquizofrenia cuando no es el adecuado».
- Factores de riesgo. Entre ellos se encuentran los antecedentes familiares, el abuso de drogas y alcohol. «Los factores estresantes precipitan el desequilibrio, tanto para una fase como para la otra. Es decir, hay un desequilibrio para ambos polos», asegura González-Pinto. De esta forma, hechos vitales desagradables como un divorcio o la muerte de un ser querido, así como acontecimientos positivos como casarse u obtener un ascenso en el trabajo, pueden desencadenar estrés y, por lo tanto, también trastorno bipolar.
- Tratamiento. «Uno de los fármacos que se utilizan son los estabilizadores, que se toman de manera continuada independientemente de si tienes una fase o no, como las sales de litio. Luego están los de fase, que se toman cuando alguien tiene una manía o euforia y, a veces, alguno de manera continuada», explica la psiquiatra. Puede ir acompañado de terapia. Depende de cada caso concreto.