Ni la atención, ni la memoria: saltarse el desayuno no es malo para la mente

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Reduce el consumo de azúcar. Día 2: escoge alimentos de mayor calidad en tu desayuno.
Reduce el consumo de azúcar. Día 2: escoge alimentos de mayor calidad en tu desayuno. iStock

Una investigación de la Universidad de Auckland concluye que dejar unas doce horas entre ingesta e ingesta no afecta al rendimiento

21 nov 2025 . Actualizado a las 14:27 h.

La frase «no eres tú mismo cuando tienes hambre» tiene más cuento que ciencia. Eso es lo que ha demostrado una investigación reciente de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), publicado en la revista Psychological Bulletin, de la Asociación Americana de Psicología. El estudio demostró que es poco probable que realizar un ayuno intermitente de unas doce horas, o lo que es lo mismo, salir de casa sin desayunar, afecte al pensamiento y rendimiento de un adulto a corto plazo. 

Esta práctica, que consiste en pasar un tiempo —existen diferentes modalidades según las horas durante las cuales se puede comer o no—, ha llamado la atención de diferentes investigaciones por sus supuestos beneficios. Sin embargo, según el autor del reciente estudio, David Moreau, estos eran inconsistentes. «Había decenas de estudios pequeños, a menudo con duraciones de ayuno, momentos de evaluación o tipos de tareas cognitivas diferentes. Algunos se centraban en saltarse el desayuno, otros en ayunos intermitentes más prolongados», comenta el doctor en psicología y director del Laboratorio de Dinámica Cerebral de esta institución. 

Por eso, decidió analizar los resultados de 71 estudios experimentales para comprobar cuál era el patrón general y real, y encontró que el rendimiento no se veía afectado. «Tanto si las personas habían comido recientemente como si no, su rendimiento en tareas de atención, memoria y resolución de problemas era notablemente similar», precisa el experto en declaraciones a La Voz. Así, el cerebro parece resistir a la perfección hasta unas 24 horas. 

Solo se observaron ligeras diferencias cuando las tareas realizadas incluían imágenes o estímulos relacionados con alimentos, «donde las personas con hambre se distraían un poco más». Sucedía lo mismo en las últimas horas del día, donde el rendimiento se reducía, «probablemente por los descensos naturales de alerta», añade Moreau. 

El especialista, consciente de los beneficios que puede aportar este patrón, como es la flexibilidad metabólica y una mejor sensibilidad a la insulina, es realista. «Fisiológicamente, desencadena importantes cambios metabólicos. Cuando se agotan las reservas de glucógeno, el cuerpo utiliza los cuerpos cetónicos producidos por el tejido adiposo como fuente de energía alternativa.

La evidencia emergente sugiere que el uso de cetonas puede aportar amplios beneficios para la salud, modular los sistemas hormonales y activar procesos de reparación celular vinculados a la longevidad», afirma el experto, que a su vez es realista en cuanto a lo que esperar. No se trata de una panacea o solución mágica. «Nuestro estudio se centró en los efectos cognitivos a corto plazo, y aquí el mensaje es moderado pero tranquilizador: el ayuno no parece perjudicar las capacidades cognitivas en adultos, pero los beneficios más amplios para la salud dependen de la persona y del tipo de ayuno», aclara. 

Es más, hay grupos de la población para los cuales resultan perjudiciales. Es el caso de personas con determinadas enfermedades, niños y adolescentes «que tienen más necesidades energéticas», o embarazadas. En estos casos es importante mantener un horario regular de las comidas. 

De hecho, en población infantil y juvenil, vieron que su rendimiento se reducía al ayunar, especialmente, en tareas que requerían concentración y memoria. «Sus cerebros y cuerpos aún están en desarrollo y consumen más energía en relación con su tamaño, por lo que saltarse comidas puede afectarles más rápidamente», señala el doctor en psicología, quien sigue recomendando hacer un buen desayuno antes de ir al colegio.

Si bien este estudio analiza un ayuno de doce horas, factible para la mayoría, existen otros que implican alargar la ventana sin comida hasta 16 o 18 horas, o ya en días, tres o siete, eso sí, con supervisión médica. Durante esta práctica, el cuerpo recibe menos nutrientes. Así, primero, las células tiran de reservas de glucógeno y glucosa disponible; y cuando esta se agota, el metabolismo prioriza alternativas secundarias, como las grasas. 

Mejor no evitar el desayuno

Son muchas las personas que para reducir la ingesta optan por saltarse el desayuno y hacer su primera comida al mediodía. ¿Es correcto? En general, no es la mejor opción. Ana Molina, directora del curso Del ayuno intermitente al ayuno prolongado, de la Academia Española de Nutrición y Dietética, contaba en este reportaje que los estudios que se empezaron a hacer con respecto al ayuno eran de Estados Unidos o de Europa del Norte, «donde la sociedad come y cena antes». 

Sin embargo, la confusión apareció al trasladar estas conclusiones a España, donde se ha comprobado que lo más cómodo, por el estilo de vida, es saltarse el desayuno. Una teoría que puede ir en contra de la biología, en concreto, de los ritmos circadianos. «A nivel fisiológico, lo mejor es adelantar la cena porque la regulación hormonal y natural del organismo sigue unos ciclos de sueño y vigilia», respondía la experta. En otras palabras, como por la noche el cuerpo se prepara para dormir y no está hecho para digerir altas cantidades de comida, es mejor comenzar antes el ayuno y no saltarse el desayuno.

Al despertarse «se activan toda una serie de mecanismos que harán que procesemos mucho mejor los alimentos», añade Molina. De ahí, que la recomendación sea que las comidas más fuertes se centren al inicio del día y, simplemente, para restringir la ingesta temporalmente, se adelante la cena.

Los beneficios de esta práctica se han anunciado a diestro y siniestro. En materia de pérdida de peso, su efectividad se ha comparado con una dieta sin limitación de tiempo y con restricción calórica continua. «Los resultados implican una reducción del peso y de la masa grasa corporal, una disminución en las circunferencias de cintura y cadera, además se vieron mejoras en el control de factores de riesgo cardiovascular como el perfil lipídico, la tensión arterial o el metabolismo hidrocarbonado, relacionado con la diabetes mellitus, mediante un efecto de una mayor sensibilidad a la insulina», señalaba el doctor Juan Manuel Guardia, miembro del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Eso sí, en investigaciones recientes, se vio que a la larga no había apenas resistencia. Es decir, que ambas medidas tenían un resultado parecido. 

Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.