
Parejas tóxicas y estafas emocionales
Parejas tóxicas y estafas emocionales
Martes, 01 de Abril 2025, 15:59h
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Los últimos estudios señalan que a lo largo de nuestra vida experimentaremos una media de cinco o seis relaciones estables con sus consiguiente rupturas, pero nuestras hormonas nos hacen idealizar a algunas parejas como si fueran la única opción del mundo. Lo cuenta el psicólogo Luis Muiño en su último libro La trampa del amor (Aguilar). «Perder una relación aumentaba demasiado las probabilidades de quedar fuera del apareamiento, un callejón sin salida desde el punto de vista evolutivo», explica el experto, que recoge diversas investigaciones sobre los orígenes del amor romántico. «A veces, este sentimiento nos hace actuar como toxicómanos y aguantar frases que ya no son propias de las relaciones sanas actuales en el siglo XXI».
La neurobióloga y antropóloga estadounidense de la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey, Helen Fisher, descubrió que el enamoramiento activa las mismas áreas cerebrales que la adicción a las drogas, como la amígdala y el núcleo accumbens (el que se encarga de gestionar el circuito de recompensa de una persona). La pasión inicial -explica la investigadora- nos inunda de hormonas como la dopamina, un neurotransmisor que produce una sensación de euforia similar a la que experimentamos bajo los efectos de ciertas drogas: adicción causada por las hormonas del otro, estado de conciencia alterado que nos lleva a hacer cualquier cosa por seguir viéndolo, miedo al síndrome de abstinencia generado por la ausencia… Este 'subidón' químico es el responsable de la idealización de la pareja y de la percepción de que hemos encontrado a alguien 'único.
«Restos inútiles de nuestra historia evolutiva que tenían sentido en el contexto de supervivencia de nuestros ancestros, pero que hoy en día no contribuyen en absoluto a relaciones estables y satisfactorias», concluye Muiño. Y mucho de los que nos pasa está en el lenguaje, que perpetúa la concepción tradicional del amor romántico que, a menudo se basa en la idealización del otro y la dependencia emocional. Por eso, el psicólogo propone localizar las frases que mantienen ese concepto erróneo del amor para que no se sigan conservando en las siguientes generaciones.
Lo que sigue a los tres puntos suele ser una petición para que hagas o dejes de hacer lo que tu pareja quiera, una forma de manipulación. «Es terrible porque tira de los tres mitos del amor romántico que llevan con el homo sapiens desde su inicio, es decir, desde hace 3000.000 años. Y que son los mismos que todavía encontramos en las comedias románticas o en las canciones: si me quieres tienes que ser adicta a mí e idealizarme como si yo fuera un ser de luz», explica el psicólogo Luis Muiño. «Básicamente, es una frase que remite al tipo de amor romántico que representan Romeo y Julieta. Lo que la gente parece no recordar es que esta es una historia que dura tres días y en la que mueren seis de los protagonistas principales. O sea, que de bonita no tiene nada».
Son frases que le quitan importancia a tus preocupaciones. «Son muy típicas de los manipuladores o estafadores emocionales, que las utilizan para culpabilizar a su víctima. Y normalmente tienen un toque machista porque suelen referirse casi siempre a las chicas y casi siempre en términos de histéricas (recordemos que, hasta el siglo XIX, se decía que la ‘histeria’ se localizaba en el útero). Suelen ser hombres que acusan a mujeres de ponerse histéricas cuando ellos hacen algo perverso, manipulador o tóxico. Por ejemplo, coquetear con su amiga y acusarla a ella de ser una paranoica», cuenta el psicólogo.
Suele venir después de un comentario ofensivo y que conlleva una recriminación. «Es un juego muy habitual: tirar la caña diciendo una burrada y, si ve que te molesta, recurrir al humor con frases como ‘No sé cómo te pones así, si solo era una broma’», dice el experto. Otra vez estamos ante un intento de echar la culpa al otro. «Pero sigue siendo parte de una estafa emocional y hay que desmontarla con ‘mensajes Yo’, que son esenciales en psicología de pareja. Por ejemplo: ‘Da igual que sea broma o no, a mí me ha hecho daño'», recomienda.
Es la frase final si las de «relájate», «estás exagerando» o «era una bromita» no le funcionan. «Todos, todos, todos los estafadores emocionales han jugado con la idea de que la chica está loca y detrás de esto puede estar el fenómeno de 'luz de gas', un concepto que se popularizó a través de la película Luz que agoniza (Gaslight en inglés), de 1944», asegura Muiño. En el filme, que a su vez se basó en una obra de teatro homónima, un hombre manipula la percepción de la realidad de su esposa y le hace creer que ha enloquecido. En este caso, y según añade Mireia Cabero, profesora de Psicología de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), «la intención del abusador es que la víctima pierda la confianza en su propia manera de percibir la realidad y termine dependiendo de él». Defender y reivindicar el criterio y la opinión propios, aprobarnos a nosotros mismos sin necesidad de que otro nos valide y contar con un amplio abanico de relaciones personas son algunas de las propuestas de Cabero para salir del círculo vicioso de ese gaslighting.
«Si bien es cierto que cada vez tenemos más claras cuáles deben ser las banderas rojas que no hay que sobrepasar, por ejemplo que alguien te pegue o te grite, esta táctica es un clásico del maltrato. Es decir, todos los maltratadores físicos la han utilizado como estrategia: la culpa de que te pegue la tienes tú. ¿Cómo me obligas a hacer esto?», sostiene el psicólogo. «Ahora, por ejemplo, lo podríamos encontrar en parejas que espían el móvil del otro y achacan que se han visto obligados porque está todo el día con el WhatsApp. Pero da igual. Ningún comportamiento inadmisible se puede justificar. Hay que centrarse en el comportamiento».
«Las comparaciones son otra de las grandes estafas. En este caso, el problema está en que cuando te enamoras te tienes que convertir en el mejor para la otra persona porque tus hormonas te dicen que tienes que ser el mejor candidato reproductivo. Tirar de frases que te comparan con otro es muy fácil porque los seres humanos funcionamos por comparación. Es el sesgo cognitivo por excelencia», explica Muiño. «Siempre funciona para hundirte la autoestima. Es como en las redes sociales, que solo se sube lo bueno; tú no ves el sótano de los demás, solo su escaparate». La película Rebeca es un ejemplo de este tipo de comparaciones. «'El síndrome de Rebeca' afecta a cualquiera que idealiza al ex de su pareja. Y tú compites contra un ideal y por eso siempre pierdes: el sótano siempre pierde contra el escaparate».
«Es una de las frases históricamente utilizadas para que no te abandonen porque va orientada también a 'la trampa hormonal'. Si nos dejamos guiar por las hormonas, tu oxitocina, por ejemplo, te va a decir que eso es cierto. Porque la oxitocina funciona manteniendo el vínculo sea como sea. En el Paleolítico, esto tenía sentido porque, si tú te vas de la cueva, lo más seguro es que te coman un tigre de dientes de sable. Probablemente era mejor quedarte con una relación aunque fuera hipertóxica, pero en el siglo XXI no tiene sentido», explica el experto.
«Muchas veces el problema no está en lo que se dice, sino en lo que no se dice. En pareja, es habitual. Yo ahí doy un mensaje claro: tenemos derecho a tener información sobre todo lo que ocurre en nuestra pareja. Eso quiere decir que si la otra persona entra en un momento de silencio, tú tienes derecho a decirle 'oye, necesito hablar esto ya. Si no quieres ahora, te dejo espacio, pero dime cuándo y ese cuándo tiene que ser en las próximas horas».