Los esclavos de la inteligencia artificial... a punto de volverse locos
Así funcionan las 'fábricas' de explotación digital

Los esclavos de la inteligencia artificial... a punto de volverse locos

Para que la inteligencia artificial converse como una persona, escriba como los ángeles y nos recomiende una película como si nos conociera de todo la vida, necesita que un ejército de cientos de miles de seres humanos le enseñe. En otras palabras, que etiqueten y clasifiquen billones de datos. Son anónimos trabajadores, mal pagados y sin derechos laborales. Y tienen que ver de todo... Ahora un juez ha admitido que los problemas mentales de algunos de estos moderadores se deben a su trabajo.

Viernes, 26 de enero 2024, 09:20

Oskarina Fuentes —en la imagen superior— enciende su ordenador y accede a la cola de tareas. Cada una con un título y la clave del cliente, una gran corporación que permanece en el anonimato; también ve en la pantalla cuánto puede ganar si la completa. No llega a un dólar por hora. Fuentes, una ingeniera venezolana que emigró a Colombia, comienza su jornada laboral, que se alargará diez, doce horas, las que hagan falta. Es etiquetadora. Ve, por ejemplo, una foto de un producto que se vende on-line y escribe en un recuadro si se trata de un bolso, una mochila o un macuto. Esa asignación debería ser automática. Pero la diferencia es demasiado sutil para el algoritmo, que aún no sabe distinguirlos, así que necesita un ojo humano que lo guíe. Para la máquina, todo son bolsas.

Entrenan a los algoritmos colocando 'post-its' virtuales para aclararles que lo que cruza la calle no es una sombra, sino un gato. Para un coche autónomo, puede ser la diferencia entre frenar o un accidente

Fuentes trabaja para una plataforma de microempleo australiana, pero compite con gente de todos los continentes; la mayoría, ubicados en países en desarrollo. Despectivamente, se ... los considera microtrabajadores porque realizan microtareas simples y repetitivas. Fuentes ve en una esquina de la pantalla el recuento de sus ganancias en céntimos. No puede retirar el dinero hasta que alcanza un mínimo de diez dólares. Está disponible día y noche porque la competencia es feroz. Y cualquier derecho laboral se disuelve en la jungla de los empleos transfronterizos. Son los siervos de la inteligencia artificial (IA) que asombra al mundo, pero que no es tan inteligente como la pintan. Ni el machine learning es un aprendizaje tan automático.

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