Patente de corso

Nunca terminas, sólo abandonas

Viernes, 3 de octubre 2025, 11:06

Muchas veces me han preguntado cómo se escribe una novela, y siempre respondo lo mismo: leyendo mucho, o habiendo leído antes. No hay manera más cierta ni más noble. No siempre tengo ocasión de conversar con esos jóvenes –o no tan jóvenes, pero también inocentes– que se acercan con la ilusión intacta, buscando el consejo veterano que oriente sus pasos. Los escucho y atiendo, cuando puedo, con cierta ternura, porque reconozco en algunos de ellos al reportero novato, al novelista bisoño que después fui, con la creencia ingenua de que en algún lugar debían existir la clave, el secreto, la solución, la fórmula.

La página perfecta es el mar de los Sargazos del escritor. Quien se queda atrapado en ella languidece en un océano sin vientos ni corrientes

La verdad es más dura y más hermosa: la escritura no se enseña, se vive. No se aprende en manuales ni en academias, sino en ... los libros leídos, la vida vivida, las páginas propias que se pierden como barcos naufragados y otras, las felices, que llegan a puerto. Escribir novelas es sobrevivir a tempestades cuando el mar quiere tragarte. También yo busqué consejo en los que navegaron antes, y en ellos aprendí algo igual de valioso que una técnica: la convicción de que la página perfecta es una trampa que paraliza al escritor. Porque la literatura, como la vida, no se mide en victorias limpias, sino en el coraje de avanzar, incluso a riesgo de equivocarse.

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Sobre la firma

Escritor, académico de la Real Academia Española y cofundador de Zenda.

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