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Reinos de humo

Tazas sin asa

Carlos Maribona

El restaurante es elegante. Todos los detalles están cuidados con mimo. Incluso (¡sorpresa!) hay buenos manteles de hilo en las mesas. Hemos comido francamente bien. Y llega la hora del café. Uno solo, como siempre. Me gusta tomar el café sin azúcar y bien caliente. Pero esto segundo me resulta imposible.

El caso es que se están poniendo de moda unas tazas monísimas, pero que no llevan asa. Y mi café viene en una de ellas. ... No hay forma de cogerla con los dedos sin abrasarse. Tengo que esperar a que se enfríe para poder beberlo. Un tiempo que dedico a pensar en que las asas a las tazas no se las pusieron por capricho, había una finalidad, finalidad que a quien ha diseñado esta que tengo en la mesa parece tenerle sin cuidado. Tal vez porque no tome bebidas calientes o, más probablemente, porque las que utiliza en su casa sí tengan asas.

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