La sangría es, o mejor era, una bebida bien clásica en los meses de calor. Arraigada en la tradición española, esta combinación goza de fama internacional. Exceso de fama que lleva al abuso en chiringuitos y bares donde a los turistas se les sirven unas jarras de contenido inclasificable, de tan baja calidad como los arroces a los que suelen acompañar.
Los peores vinos tintos, licores de tercera categoría, grandes cantidades de fruta para disimular y mucho hielo para que esté «bien fresquita». Qué lejos de ... las auténticas sangrías que podíamos beber hace años y que, poco a poco, sin saber por qué, han ido desapareciendo.
Los españoles las hemos sustituido por el tinto de verano, que resulta ser la bebida veraniega más demandada. No es que la mezcla de vino tinto y gaseosa sea nueva. Ya era habitual en las comidas veraniegas familiares de hace bastantes años, originalmente con vino y sifón, pero de un tiempo a esta parte se ha convertido en una bebida muy popular.
La verdad es que resulta muy refrescante. Incluso nos la venden ya envasada, a pesar de lo sencillo que resulta elaborarla. Basta un vaso o copa grande, mucho hielo, un poco de tinto, a ser posible de calidad, y abundante gaseosa. Ojo, el tinto de verano no es sangría, aunque muchos confundan los términos. Prefiero la segunda, pero entre una mala sangría y un sencillo tinto de verano me quedo con este último.
Sobre la firma
Colaborador
Carlos Maribona, periodista. Ha desarrollado toda su carrera profesional en el diario ABC, del que llegó a ser subdirector. En la actualidad es el crítico gastronómico del diario. Columnista también en XL Semanal de Vocento. Profesor de la Universidad San Pablo CEU. Premio Nacional de Gastronomía entre otros muchos galardones.
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