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PEQUEÑAS INFAMIAS

El beso más largo de la historia

Carmen Posadas

Carmen Posadas

A veces, personas a las que les gustaría probar suerte y convertirse en escritores me preguntan dónde buscar inspiración, dónde nacen las historias. Yo les ... contesto siempre que están por todos lados, que solo hay que mirar alrededor, aunque sin duda dos de mis fuentes favoritas son los anuncios por palabras y las páginas de sucesos. De hecho, grandes novelas han salido de unos y otras. Stendhal, por ejemplo, para escribir Rojo y negro, se valió del caso de un ambicioso exseminarista, de nombre Antoine Berthet, que acabó en la guillotina por matar a su examante. Flaubert, por su parte, se inspiró en la vida de uno de los colegas de su padre, médico, para crear su archifamosa Madame Bovary. Delphine Delamare se llamaba la verdadera Emma Bovary y, al igual que ella, se suicidó por deudas y por mal de amores. Difícilmente podrían Berthet y Delamare haber imaginado que de seres anónimos en vida devendrían inmortales después de su muerte. Existen muchos casos de fama póstuma como estos, pero sin duda el más fascinante de todos es el de Resusci Anne. En la vida real seguramente no se llamaba Anne y, lejos de resucitar, su cuerpo de adolescente apareció flotando un día en el Sena, pero, aun así, su belleza y su enigmática sonrisa le depararon una curiosa forma de inmortalidad. Empecemos por el principio.

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