Viernes, 23 de Enero 2026, 11:27h
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Y no. No me refiero a quien (o quienes) ustedes están pensando. Hablo de un peón geopolítico que ha existido en todos los tiempos y todas las culturas, pero que cobró especial entidad a lo largo del siglo pasado. Seguro que conocen la anécdota. Al señalar con preocupación uno de los consejeros de Franklin Delano Roosevelt los desmanes que Anastasio Somoza (padre) estaba cometiendo en Nicaragua, Roosevelt respondió: «Sí, es un hijo de puta. Pero es nuestro hijo de puta». La frase ha servido desde entonces para describir a otros mandatarios como Anastasio Somoza hijo, Fulgencio Batista o Rafael Trujillo. Se trataba de líderes más o menos vasallos de los Estados Unidos, crueles con su pueblo, pero genuflexos con el gran vecino del Norte, a quienes se apoyaba precisamente por ser eso, 'nuestro hijo de puta'. El propósito no era otro que evitar que en el 'patio trasero' de los Estados Unidos creciera la mala hierba del comunismo desestabilizando la región. Pura geopolítica, que tuvo como efecto colateral cercenar las libertades en todos estos países y que, en el caso de Cuba, acabaría propiciando que la isla cayera en manos de la misma izquierda radical, dictatorial y empobrecedora que se intentaba frenar.
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