Viernes, 13 de Junio 2025, 10:04h
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Sospecha una lectora que las cartas que envía –solo por quejarse, dice– no las lee nadie más que un becario sin influencia para publicarlas. Se lamenta otro de nuestros corresponsales de la facilidad con que deshumanizamos al otro y dejamos que nuestra conciencia se adormezca. Y se duele un funcionario ya jubilado de la Administración de Justicia de cómo esta padece en el tira y afloja entre el poder y los que la imparten, aunque siga habiendo quien trata de hacerla funcionar. Parece que hemos asumido que la indiferencia y el descuido, que acaban depositando los asuntos en manos de quien no tiene galones para resolver, en ese becario símbolo de la dejación, son la norma en nuestro tiempo. Como dice Igor, el de El jovencito Frankenstein, podría ser peor: ya verán cuando de todo se ocupe una IA.
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