El bloc del cartero
Renovables
Han perdido las energĆas renovables el fulgor con que se las percibĆa hace solo unos aƱos, cuando eran la solución potencial para reducir nuestra dependencia de fuentes fósiles y para reducir emisiones. Ahora que empiezan a ser una alternativa efectiva, y cada vez mĆ”s importante, afloran los inconvenientes, los peajes y las servidumbres que aerogeneradores y paneles provocan en los territorios donde se instalan. El fenómeno, el descontento, ha llegado incluso al cine, gracias a dos de las cintas mĆ”s celebradas del aƱo pasado en EspaƱa, AlcarrĆ s, de Carla Simón, y As bestas, de Rodrigo Sorogoyen e Isabel PeƱa. Una lectora se suma en tono airado a las objeciones. Y, antes de descartarlas a la ligera, quizĆ” deba analizarse si se estĆ”n teniendo en cuenta todos los costes, cómo cabrĆa reducirlos y su justo reparto.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Malos tiempos⦠y ”ahora la pesca!
Me sumo al sentir del seƱor JoaquĆn GarcĆa, de Burgos, en su carta del 25 de febrero ... pasado: Malos tiempos para la lĆrica. De molinos de viento vamos sobrados. Han invadido nuestros campos y el paisaje sin consultar a los ciudadanos para nada. Nos engaƱaron con aquello de que eran para āabaratarā el precio de la luz. El recibo de la luz no bajó, sino que subió y subirĆ” camuflado entre los mĆŗltiples impuestos para pagar el enorme costo de esas monstruosas estructuras que ya van a ser de mĆ”s de 200 metros de altura (y mĆ”s ruido y vibraciones). Han destrozado el paisaje de nuestros montes, y estĆ”n fastidiando el turismo rural del que empezĆ”bamos a estar satisfechos. DĆganme quiĆ©n va a querer veranear junto a eso. Cómo se va a llenar ahora la EspaƱa que previamente se entretuvieron en vaciar con el abandono de todo. Y hay otra cosa de la que hasta que pasen unos aƱos no veremos el efecto: se estĆ”n alterando las migraciones de las aves. Esas que consumen los mosquitos y cosas que pueden formar plagas que nos manden a la mierda (palabra aceptada por la RAE). Ni prevención ni idea de nada hay. Pero Āæadónde irĆ”n las subvenciones? Ahora van a aumentar la āflotaā en el mar. No la de barcos: la de molinos. AcabarĆ”n con la pesca de muchas familias, pero ĀæquĆ© le importa a nadie? Ahora nos hablan de āhidrógeno verdeā, palabra casi bonita que esconde el hecho de que van a sembrar media EspaƱa de placas solares para vender luego energĆa a paĆses que no quieren estropear sus campos. (Ā«Estos idiotas espaƱoles, que todo lo tragan, se tragan tambiĆ©n las placasĀ»). Yo creo que serĆa mejor que cada danĆ©s, francĆ©s, alemĆ”n que quiera energĆa mĆ”s barata se coloque una plaquita o un molinillo en el mismo culo (palabra aceptada por la RAE tambiĆ©n).
MarĆa GonzĆ”lez de la B. Granada
El sistema ha fallado
Estoy cansada de lo lenta que es la Administración. En mi familia tenemos un joven de 17 aƱos diagnosticado del sĆndrome de X frĆ”gil que se agrede a sĆ mismo, es un peligro para los demĆ”s y para Ć©l (lo ha dicho el psiquiatra) y nadie nos ayuda. Yo, que soy su tĆa, estoy enferma, tengo un 48 por ciento de discapacidad y un grado de dependencia 2 (lo Ćŗnico que puedo hacer para ayudar es escribir estas palabras). Su padre es pensionista y mi hermana no puede trabajar por enfermedad. Imposible con nuestras enfermedades gestionar los papeles para una residencia y menos aĆŗn con nuestros ingresos pagarla. AdemĆ”s, a la hora de reclamar nos dicen que la Administración estĆ” colapsada y que hay lista de espera. Me siento triste, frustrada, engaƱada por el sistema. En mi familia ocurrirĆ” una desgracia y luego dirĆ”n que el sistema ha fallado. Pido ayuda para mi sobrino antes de llegar a eso.
Lidia Ruiz SƔnchez. Barcelona
Elecciones a la vista
Estamos en la precampaƱa del juego sucio, ahora todo son reproches del Ā«yo mĆ”s y tĆŗ menosĀ» y Ā«hasta la victoria y mĆ”s allÔ». Falsedades sobre las promesas que van a realizar en las próximas fechas y denuncias de aquello que tampoco hicieron. El mismo partido del Ā«toma y dacaĀ». Los mismos discursos esperanzadores guardados en el cajón de las mentiras de cada cuatro aƱos... Tirando de los actores polĆticos del pasado que precisamente no son la mejor versión de este paĆs. Tampoco nosotros. Nos quejamos. Nos manipulan. Nos mienten. Nos empobrecen, pero les seguimos votando. Ya no nos manifestamos como antes, tragamos con todo, y con lo que venga. Ā«Es que cada uno va a su bolaĀ», Ā”menos yo, que voy a la mĆa! Como cada cuatro aƱos, ya sean municipales, autonómicas o estatales, estos que se autodenominan 'patriotas' tendrĆ”n la misma gresca, la misma mala imagen, todos y cada uno con la verdad absoluta y la solución definitiva a nuestros problemas, pero que ni las comparten ni aĆŗnan fuerzas para el bien comĆŗn. Todos sabemos cómo termina el cuento antes de empezar, con un buen almuerzo entre los ganadores y la coalición que toque. Cuatro aƱos mĆ”s de buen salario y poco trabajo. Y los demĆ”s, o sea nosotros, como siempre, sacĆ”ndonos las castaƱas del fuego como cada uno pueda, es decir: trabajando duro y sin robar nada a nadie.
Rafa GonzÔlez Merino. Irún (Gipuzkoa)
Atropellos a peatones
Los importantes cambios que se han producido en los Ćŗltimos aƱos en la movilidad individual de los ciudadanos, han servido para facilitar los desplazamientos y reducir el uso del automóvil en las ciudades. La red de carriles bicis ha ayudado a que el uso de bicicletas y patinetes elĆ©ctricos hayan proliferado en los Ćŗltimos aƱos. Este fenómeno social tambiĆ©n ha producido efectos indeseados en forma de incidentes, colisiones y atropellos. SegĆŗn los datos publicados, en el aƱo 2022, los patinetes elĆ©ctricos y bicicletas, han producido en Zaragoza, 3281 y 1289 casos, respectivamente, y se han registrado mĆ”s de 300 atropellos a peatones. Debe tenerse en cuenta que de toda esta 'explosión de movilidad individual' el gran perjudicado ha sido el peatón. Son muchos los incidentes y los sustos que han sufrido los peatones, que es la parte mĆ”s indefensa y dĆ©bil de este nuevo sistema de movilidad. La importancia de los datos (4570 incidentes en un aƱo), exige que se tomen medidas por parte de las autoridades competentes, en cuanto a mayor vigilancia policial de estos vehĆculos, que en muchas ocasiones conducen temerariamente e incluso incumpliendo las normas de trĆ”fico que deberĆan respetar. Y como vehĆculos que son, opino que deberĆan tener todos ellos una placa que los identificase y un seguro de responsabilidad para los accidentes que puedan causar. Es un tema pendiente que quien corresponda debe resolver cuanto antes.
JosƩ Martin Escudero. Zaragoza
Las leyes imprimen carƔcter
Hace poco me encontrĆ© con un amigo que me anunció el embarazo de su mujer, esto no serĆa sorprendente si no fuera porque yo le anunciaba el embarazo de la mĆa, que en ese momento debĆa llevar como un mes y el de mi amiga superaba ya los tres. A mi amigo lo veo frecuentemente, aquĆ reside para mi la extraƱeza de que no nos comunicara antes la buena nueva, a nosotros nos faltó tiempo para hacerlo, mi amigo esperó, segĆŗn nos dijo, el tiempo prudente para asegurarse la viabilidad del embarazo y del niƱo. En EspaƱa se puede abortar hasta las 14 semanas, aborto libre y voluntario a decisión de la mujer. Mi amigo no tenĆa, ni tiene, ninguna intención de abortar, pero su elección de tres meses no es casual. Las leyes educan, generan hĆ”bito e imprimen carĆ”cter. Finalmente, mi segundo hijo de momento no nacerĆ”, la pena con la que recibimos mi esposa y yo esta noticia contrasta con la sorprendente naturalidad de la mayor parte de aquellos, incluidos aquellos que mĆ”s te quieren, a los que les hacemos conocedores. La vida en su estadio mĆ”s indefenso pierde protección, sobre ella bajamos la guardia y nos hacemos mĆ”s insensibles. Les podrĆa contar que vivimos en casa con una madre de 95 aƱos, de la que muchos consideran que ya ha vivido bastante cuando te preguntan por su salud. Las normas generan cultura y nos condicionan, ya vamos viendo sus efectos, de momento en nuestra sensibilidad. Queramos o no, valoraremos menos la vida en general y especialmente en sus extremos, y quienes legislan lo saben.
Juan Marcos Lizarbe Lasa. Zaragoza
Las cuatro reglas
Mis padres fueron labradores. Les tocó vivir en su infancia los rigores de la posguerra. Apenas pudieron ir al colegio, porque tenĆan que arrimar su hombro de niƱo en la maltrecha economĆa familiar, ayudando en las faenas del campo, recogiendo las olivas escarchadas, la mies dorada bajo el canto de los grillos. Aprendieron en un encerado cetrino y descascarillado por el salitre, las cuatro reglas que ellos llamaban: sumar, restar, dividir, multiplicar y leer. Ahora cuando acudo al trabajo, me encuentro con las mamĆ”s y papĆ”s que llevan a sus hijos al colegio, con los jóvenes que van al instituto o a la universidad, 'empantallados' en sus móviles, que paulatinamente van renovando la sociedad. Al parpadear en mis pupilas, siento el peso lĆquido de las lĆ”grimas contenidas al ver que mis padres y los de su generación, con menos formación, tenĆan mĆ”s valores para construir una humanidad mĆ”s justa. Todo tenĆa su utilidad, porque sabĆan el trabajo que costaba obtenerlo. Mucho nos queda por mejorar. Tal vez sea necesario martillear la necesidad de forjar buenas personas en la fragua de la educación, que su mayor riqueza sea ser ecuĆ”nime.
José Mariano Seral Escario. Correo electrónico
Por qué la he premiado⦠Porque nunca serÔn demasiados los recordatorios a los responsables, para que tomen conciencia de lo que estamos haciendo (y omitiendo) con quienes de nosotros dependen.