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Mi hermosa lavandería

El vértigo de lo simultáneo

Isabel Coixet

Hay días en los que abro Instagram y me encuentro con que la historia del mundo cabe en quince segundos. Un vídeo casero sobre la caída del Muro de Berlín seguido inmediatamente de otro sobre el último escándalo de un reality show japonés y, después, sin transición alguna, alguien explicando con una seriedad pasmosa la técnica exacta que usa Sydney Sweeney para que su vestido no se desplace ni un milímetro en la alfombra roja. Todo tiene la misma importancia. Todo ocupa el mismo espacio en nuestra retina.

Es como si hubiéramos perdido la capacidad de jerarquizar no solo la información, sino las emociones que la acompañan

Me pregunto si esto es lo que sintieron nuestros abuelos cuando llegó la televisión, esa sensación de que el mundo se había vuelto demasiado pequeño ... y demasiado grande a la vez. Pero entonces tenían horarios, programas, una cierta liturgia de lo audiovisual. Nosotros vivimos en el caos perpetuo del scroll infinito, donde la Segunda Guerra Mundial convive con los consejos de maquillaje para que parezca que tu nariz es más pequeña sin que nadie pestañee.

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