Viernes, 25 de Abril 2025, 10:32h
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Abundan nuestros lectores en la denuncia de la creciente incomparecencia de la Administración a la hora de prestar servicio al ciudadano, al que más bien empuja a asumir el papel de gestor no retribuido de un autoservicio penoso y desalentador. La burocracia, reconvertida en teleburocracia o ciberburocracia, defrauda así, pese a los ingentes recursos públicos que consume, la confianza de quienes la sufragan con sus impuestos y aguardan, legítimamente, no quedarse solos ante un teclado y una pantalla, varados en una web que es callejón sin salida. O ante un operador que se limita a entrar en esa misma web para quedar varado igual. Si encima salen a la luz noticias de empleados públicos que cobraban sin ir a la oficina, maravilla la mansedumbre con que se acata el desafuero. Hasta que se agote la paciencia.
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