David Banda. Si su nombre no le dice nada, lo hará el de su madre. Madonna lo adoptó en Malawi hace 20 años y ahora es un joven desenvuelto que se acaba de mudar al Bronx con su novia, una modelo, en busca de la independencia económica de su madre adoptiva. La biológica murió poco después del parto y su padre lo dejó bajo el sistema de tutela del país.
Madonna lo conoció en un viaje a Malawi en 2006 y decidió adoptarlo, a pesar de la oposición del padre y de que la ley del país se lo impedía a personas divorciadas, priorizaba a familiares directos y exigía a los padres vivir en el país, requisitos que hacían de Madonna una candidata con cero posibilidades.
Durante el proceso de adopción movilizó a un ejército de abogados, fundó Raising Malawi —ONG de apoyo a niños en riesgo— y, finalmente, el tribunal supremo del país aprobó el trámite «en el mejor interés del niño», considerando la capacidad de la reina del pop para proporcionarle educación, salud y bienestar.
Superados los obstáculos legales adoptó a tres niños más: Mercy James, Stella y Estere, gemelas estas últimas, completando con Lourdes y Rocco, sus dos hijos biológicos, una familia numerosa. Desde entonces, David ha vivido en Estados Unidos, pero sin perder la conexión con su país, sobre todo a través de Raising Malawi.
Antes de inclinarse hacia la moda y la música (desfiló en la NY Fashion Week, da clases de guitarra y ha tocado en conciertos de su madre), el fútbol fue su primera pasión; llegó a ingresar en la academia juvenil del Benfica portugués. La competencia le hizo desistir de su sueño, pero la experiencia de vivir solo en el extranjero, con 12 años, le proporcionó una madurez impropia de su edad y, sobre todo, de tantos otros nepo babies.
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