Haciendo frente a la tormenta

La Voz M. G. B. | VIVEIRO

A MARIÑA

Crónica | Mariñanos en Canarias Cinco hermanos viverenses aguantaron el paso de «Delta», en sus casas de Lanzarote, «con miedo, pero sin daños personales».

30 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

«A la una de la madrugada el viento era una escandalera. Abrí la ventana y se me llenaron los ojos de tierra. Lo hemos pasado bastante mal, pero por suerte no nos pasó nada». Así se refería Lucía González Romeo a la tremenda experiencia de sufrir el paso de una tormenta tropical con vientos que llegaron a tener rachas de hasta 200 kilómetros por hora. La Delta, que asoló las Islas Canarias con su fuerza destructora no será olvidada fácilmente por los emigrantes mariñanos asentados en el archipiélago. Lucía vive desde hace siete años con su marido en Playa Honda, al sur de la isla de Lanzarote. No fue la más afectada por la tormenta que se cebó con virulencia en Gran Canaria, Tenerife y El Hierro. Lucía no está sola, en la misma población viven cuatro de sus diez hermanos (los otros cinco siguen en Viveiro), Jacinta, Rocío, Mary Flor y José. Ninguno de ellos, ni sus maridos ni sus hijos, sufrió percance alguno, eso sí, pasaron la tormenta pertrechados en sus casas. Los daños materiales son otra cosa. «Hubo bastantes destrozos, árboles caídos, pérgolas derribadas, techumbres, a una vecina le llevó una ventana de la casa y tuvo que venir Protección Civil a ayudar». La isla del viento A Lanzarote se la conoce como la isla del viento, pero suave, y seco, no en vano cuenta su hermana, Jacinta, que lleva seis años allí, que una de sus hijas que sufría asma mejoró sensiblemente. En todo este tiempo de estancia no recuerdan un temporal de estas características. «Lo peor ya pasó, en mi casa se llevó las puertas de un armario que tenemos en la terraza, el viento con su fuerza las echó para fuera; las pérgolas de madera caían sobre los coches, volaban los toldos de las tiendas y los letreros. No hubo colegios, ni institutos, ni tampoco actividades extraescolares». Tras la tormenta siempre llega la calma, y ambas hermanas confían en que la situación se recupere «lo más pronto posible». Ayer, de entrada, el sol ya quería volver a hacerse dueño de Canarias. Jacinta y Lucía explican cómo se vive en la isla, que tiene la mayor comunidad de viveirenses a unos cuarenta kilómetros, en Playa Blanca. Camareras de piso o la construcción son los trabajos más habituales de los gallegos emigrantes, aunque Jacinta trabajó, antes de nacer su niño pequeño, como coordinadora de actividades en la ludoteca del Ayuntamiento de San Bartolomé. «Estaba encantada, la verdad, di con gente muy buena». Lucía ahora atiende a sus gemelos de 18 meses, y habla de la «añoranza de la familia, de Galicia, pero el tiempo...». Se refiere al climatológico. Lo mejor. Y los sueldos, «haciendo lo mismo que allá», añade Jacinta.