Siempre es bueno echar la vista atrás, aunque el viaje retrospectivo de este martes no lo haremos a la prehistoria... ¡Qué va! Tan solo retrocederemos en el tiempo unos días, al pasado viernes y a la jornada del sábado, día de Todos los Santos, con la excusa de la celebración del Samaín, ritual para recibir el año nuevo celta, que se celebró en distintos rincones de A Mariña. Si es que el Samaín va cobrando cada año más protagonismo, a diferencia de otra tradición más a la americana como es el Halloween.
En la celebración vicedense el Samaín lo festejó la Asociación de Pais e Nais de Alumnos que preside Noelia Peláez Salgueiro, que aguantaron el chaparrón. Más bien, en lugar de celebrar el desfile habitual a pie, lo hicieron en coche recorriendo las calles del público y haciendo sonar el claxon. Allí lucieron las calabazas, los disfraces con sábanas y los rostros pintados de blanco después de toda una semana de preparativos en la Casa do Mar y en el centro social de Folgueiro. En la cita una calabaza gigante, artificial claro, presidía el desfile, junto con el coche de Protección Civil, según nos contaba ayer a modo de espontánea reportera la secretaria del Anpa vicedense Lidia Camba. A bordo de una veintena de coches unas cien personas, siendo los que más disfrutaron con el Samaín los niños, repartían calabazas por los locales hosteleros y comerciales. A la llegada a la Casa do Mar, no podía faltar la gastronomía. Castañas asadas y hasta una queimada hubo para todos los asistentes.
Los colectivos Ollomao e Irmandade San Caetano fueron los «culpables» de que el pasado sábado los vecinos de Celeiro de Mariñaos, en Barreiros, celebraran el nuevo año celta con el Samaín, «unha tradición secular perdida na zona da Mariña pero que aínda se conserva noutras zonas de Galicia. Na festa celebrada o sábado en Celeiro non faltou a música, os chourizos, as castañas e, por suposto, as cabazas decoradas», nos cuenta Xavier López, presidente de la asociación vecinal y cultural. «A festa celta que marca o comenzo do inverno foi ata hai ben pouco unha celebración destacada dentro das tradicións galegas, aínda que deturpada polo cristianismo». Rafael López Loureiro estudió precisamente cómo la costumbre pervive en Galicia, Asturias, Irlanda y zonas de Gran Bretaña.