El problema se inició en la tercera planta del número 70 de la céntrica calle Nicolás Cora
29 dic 2011 . Actualizado a las 18:36 h.La rotura, mejor dicho, el reventón de la tubería de la red general, provocó en la noche de ayer inundaciones en cinco pisos situados en el número 70 de la calle Nicolás Cora de Viveiro. El problema se inició hacia la una de la mañana en el falso techo de la cocina del 3º C, desde donde, tras romper la canalización, caía el agua como si fuera una cascada. Los dueños de la vivienda, que tienen la costumbre de dejar siempre la puerta de la cocina cerrada, no se enteraban de lo que estaba sucediendo hasta que los llamaron los del piso de abajo.Cuando se levantaron el agua ya llegaba a la mayor parte de las estancias de la vivienda. No había luz y eso todavía dificultaba más la situación.
Pesadumbre
La dueña de la vivienda donde se inició el problema apenas podía contener ayer las lágrimas, viendo el estado en que se quedó su piso, con un gran agujero en el techo de la cocina, el mueble del baño destrozado, alfombras y ropas mojadas. La familia tienen apartamentos en las plantas inferiores del mismo edificio y alguno de ellos quedó también seriamente dañado, según explicaron; en el 2º B se perdió el sofá, el colchón, quedaron afectados los marcos y puertas y suponen que el parqué empapado por el agua también acabará levantándose. Y así un rosario de daños que los peritos tendrán que ir evaluando, porque ayer al técnico que acudió le fue imposible al que acudió. También resultó bastante afectado el 1ºB y en menor medida el 2ºC y el 1ºC, según explicaron.
Con escobas y como pudieron comenzaron a achicar el agua, que acabó saliendo a la calle por los huecos de los ascensores y de las escaleras. Ayer por la tarde aún seguía mojado el portal, continuaban sin agua, el suministro eléctrico acababa de restablecerse y no funcionaban los ascensores. Los afectados destacaron la colaboración brindada por los vecinos, por la Policía Local, por los bomberos, los operarios de Aquagest. El agua había estado hora y media bajando como una catarata, dicen, aunque hasta las cuatro de la mañana siguieron a pie de cañón, trabajando para evacuar la riada.