
Que agosto comienza a languidecer en la costa de Lugo se observa con solo encender en coche. A Mariña se dispone a mudar de nuevo su piel de serpiente y circular por las carreteras se vuelve cada día que pasa en un suplicio más tolerable. Nada que ver con los primeros quince días de agosto, cuando conducir, entrar en cascos urbanos como los de Ribadeo, Foz o Viveiro, se convertía en todo un reto para la paciencia. Fue entonces cuando observé lo que a continuación les relato, incidentes en dos rotondas de Ribadeo. El primero ocurrió en el punto caliente del acceso a la zona comercial, el híper de Eroski, Lidl, Decathlon... Ocurrió que, como pasa habitualmente en las rotondas situadas donde antes era un tramo recto con carretera general, gran número de conductores ignoran el código de la circulación y asumen la preferencia que tenían (y ya no tienen) cuando no había rotonda, olvidando al resto de vehículos. Rara vez se respeta el ceda el paso obligado para todos los carriles de entrada. Así hizo un conductor que venía desde el Voar, encontrándose con otro que, ya dentro de la rotonda y por tanto con preferencia, circulaba a baja velocidad. Frenó y soltó varios bocinazos ante la sorpresa del otro piloto, que detuvo su vehículo, miró para atrás buscando a ver quién le imprecaba y al ver cómo el otro coche se dirigía al hipermercado de Eroski, tras unos segundos decidió girar toda la rotonda e ir detrás de él, supongo que para darle, no precisamente, los buenos días.
Ese mismo día, en otra rotonda, en Vilaselán, otro conductor que accedía desde la autovía del Cantábrico se encontró de bruces con una autocaravana que, ciertamente, circulaba a muy baja velocidad, aparentemente desorientada. Ocurrió algo parecido: bocinazos, aspavientos y frenazos de otros vehículos.
Consciente de que son escenas propias de agosto en A Mariña, se lo comenté al antiguo propietario de una autoescuela, quien tras ladear la cabeza, sentenció: «Lo de la preferencia en las rotondas es una batalla perdida». Al final, conducir es, como casi todo en la vida, cuestión de respeto y responsabilidad. Ya, ¿pero a quién no se le han puesto los nervios de punta conduciendo por las carreteras de A Mariña o tratando de entrar en Viveiro? Es otro peaje que hay que pagar por disfrutarnos. Por eso, comprensivo, quizás el mismo exprofesor de autoescuela añadió: «En fin, quedan dos días».