El lamento de los constructores de Barreiros: «E quen me paga a min?»

Doce años después de la intervención de la Xunta los esqueletos de hormigón salpican el municipio y algunos constructores se quejan de que les hayan parado las obras

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«E quen me paga a min en Barreiros?» Doce años después de la intervención de la Xunta los esqueletos de hormigón salpican el municipio y algunos constructores se quejan de que les hayan parado las obras

barreiros / la voz

Era el año 2006. En la cocina de una casa de labranza de San Miguel de Reinante, en el concello lucense de Barreiros, un intermediario ofrecía 200 millones de pesetas (1,2 millones de euros: por entonces se seguía negociando en pesetas, más familiares para los tratos) a un ganadero a punto de jubilarse. Rechazó la oferta. Quería más. Hoy, las vacas pastan en el prado, de unos 4.000 metros cuadrados. Ese mismo mediador ofreció un millón de euros a un hostelero por otra parcela con forma de ele, con apenas treinta metros de frente a la carretera nacional. El propietario le contestó que tenía que pensarlo y, finalmente, también rechazó la propuesta. Era poco dinero, argumentó. Hoy en la finca guarda mobiliario que usa en verano en las terrazas. La tentación del dinero fácil mandaba en Barreiros. «Hoxe é doado falar, pero había que estar alí naquel momento e verse no lugar», señala un testigo de estos tratos frustrados que explican cuál era el ambiente entonces en Barreiros, en pleno bum de la construcción.

Ese mismo testigo se encontraba en un pub de San Miguel, acompañando a un intermediario, cuando se presentó otro con una carpeta bajo el brazo. Sin disimular su alborozo, contó que por la mañana había cerrado la compra de una finca por poco más de diez millones de pesetas. Un auténtico chollo. Horas después ya la había vendido por 60 millones. En ese mismo momento, el otro intermediario le ofreció 100. Lo curioso es que ninguno de los allí presentes había movido nunca un ladrillo: eran enlaces con el perfil apropiado, con conocidos en Barreiros y en empresas de construcción.

Muchas de las operaciones se apalabraban o se limitaban a la entrega de señales y pisos que nunca llegaron a construirse. Porque con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria el castillo de naipes se vino abajo. «Só os máis espelidos gañaron moitos cartos», señalan desde una empresa constructora.

Proyectos para casi 6.700 viviendas 

En este caldo de cultivo, en Barreiros se presentaron proyectos para construir 6.693 viviendas, de las que se denegaron un tercio, en concreto, 2.188, según el Colegio Oficial de Arquitectos. Con todo, se dio vía libre para edificar 4.500 pisos y chalés en un concello de 3.000 habitantes.

Pero llegó la intervención de la Xunta, en el 2007, y las demandas contra obras en marcha. Las grúas se pararon y los bancos cortaron la financiación. De poco sirvió que el Tribunal Supremo sentenciase en el 2014 que la intervención de la Xunta había sido ilegal. Tampoco que ahora el Juzgado de lo Penal número 2 de Lugo diga que no se cometió prevaricación urbanística al otorgar las licencias y que el alcalde no incurrió en ningún delito. En los años que siguieron apenas se concluyeron algunas promociones. La razón, más que legal era económica: no había dinero. Hoy en día, los esqueletos de hormigón, las obras a medio hacer, salpican Barreiros. Otros muchos proyectos ni se iniciaron.

 Al final, sin responsables

Y los constructores claman. Pocos dan la cara. De los que siguen en activo, algunos de los consultados no quieren ni oír hablar de Barreiros por la repercusión negativa que aún creen que tiene. Quien sí lo hace es Faustino Pulpeiro, de Os Gallopiños, empresa que presentó una demanda en el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) reclamando a la Xunta una indemnización de 2,8 millones de euros por el dinero gastado en Barreiros, sin incluir el lucro cesante. Perdió y, como muchos otros, recurrió ante el Supremo, donde confía en que le den la razón:

«A nós déronos unha licenza que era válida, e en todo caso non era a nosa responsabilidade. Imos ao TSXG e négannos a indemnización porque din que eran licenzas mal dadas. E agora sae outra sentenza que di que si estaban ben dadas. Entón, aquí quen é o responsable, quen me paga a min? 

Pulpeiro asegura que, de no haberse producido la intervención de la Xunta, la mayoría de las promociones se habrían vendido: «O que se fixo foi adiantar a crise en Barreiros un ano e medio. A carón de onde iamos edificar nós había unha promotora de Santiago. Estaba co movemento de terras e xa levaba 18 pisos vendidos. Ao final, quebrou».

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