Los cicerones del Obradoiro

Manuel García Reigosa
M. G. reigosa SANTIAGO / LA VOZ

ANDAR MIUDIÑO

Rafa Luz encara su tercera campaña en Sar.
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Corbacho, Rafa Luz y Chagoyen, los tres jugadores que conocen el baloncesto cuántico de Moncho Fernández, ejercen de faros en pretemporada

24 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

A falta de Pavel Pumprla, que está apurando el Preeuropeo, los tres únicos jugadores del Obradoiro que conocen de primera mano el baloncesto cuántico de Moncho Fernández son Alberto Corbacho y Rafa Luz, que continúan en el equipo, y Jesús Chagoyen, que coincidió durante tres años con el Alquimista de Pontepedriña en el Los Barrios. Son los cicerones de la pretemporada.

Rafa Luz es, a sus 22 años, un joven veterano que va por su sexta inmersión en la ACB. Y le tocará compartir demarcación con dos compañeros de quinta, pero con menos recorrido en la Liga Endesa. Eso sí, encara la temporada con el mismo espíritu: «Ahora toca conocer a los jugadores nuevos y la ilusión es la de siempre».

Hasta la fecha había tenido al lado a un base muy curtido: primero Andrés Rodríguez y luego Xanthopoulos. Ahora es él el de la experiencia. Y ahí sí que nota el cambio de contexto: «Vienen dos jugadores que no conocen el equipo, que no conocen como jugamos. Es un reto para todos».

Padre espiritual

Chagoyen, por edad y batallas libradas, llega con el predicamento de las muescas como mejor tarjeta de visita. Preguntado respecto a si se ve como el padre espiritual del grupo, señala con humor: «Qué va. De padre del grupo nada. Tengo dos hijos que son los que me necesitan y me vuelven loco. Aquí me siento un compañero más, dispuesto a echar una mano donde haga falta y poner mi granito de arena para que este Obra vaya donde todos queremos».

La primera sesión de trabajo tuvo para él algo de déjà vu. Fue la del reencuentro con el técnico. Y lanzó un aviso: «El primer día todavía participó poco. A Moncho en estado puro ya lo iremos viendo». Y sobre su propuesta de juego, apunta que «al principio quizá cuesta un poco adaptarse, pero en cuanto lo coges disfrutas mucho del baloncesto».

Entre los nuevos, Pepe Pozas es de los que disfruta con el desafío 14/15 después de estar en la órbita del primer equipo del Málaga y, el pasado curso, subirse en marcha al tren del Valladolid.

El tipo de baloncesto que despliega el Obradoiro supone para él un valor añadido: «Dicen que es complicado. Para un base es un reto. Si en algún equipo se puede tomar un segundo de respiro, en este no. Hay que estar preparado para cualquier cosa. Una de las razones de venir aquí es esa, mejorar como base porque Moncho lo exige. Si no, no llegas a jugar. Veremos cuánto cuesta, cómo va la preparación y si al final llegamos adonde queremos». También le atrae disfrutar del Miudiño. Recuerda la primera vez que vio la escena, con el Clínicas Rincón: «Todavía lo estábamos mirando, en el primer cuarto, y ya estábamos 20 abajo».