Álvaro Muñoz, el Busquets del Obra

Manuel García Reigosa
M. G. REIGOSA SANTIAGO / LA VOZ

ANDAR MIUDIÑO

PACO RODRÍGUEZ

«No soy un diez en ningún aspecto del juego, pero procuro ser un 6,5 o un 7 en varios», dice el alero

17 ene 2020 . Actualizado a las 18:34 h.

Hay jugadores que cobran valor cuando no están, porque difícilmente atraen el brillo de los focos pero contribuyen de una manera silenciosa a la armonía del ecosistema. En ese cupo cabe incluir a Álvaro Muñoz, que participó en catorce de las diecisiete jornadas y se ha perdido las dos últimas por lesión. Atrás es un valor seguro, capaz de defender cualquier puesto del perímetro. En ataque lo mismo puede colaborar con un triple que buscar una bandeja o un mate, o ensayar en la media distancia. Acaba sumando en todos los frentes y se le está echando de menos.

Decía Nacho Parajúa hace unos días que «es un jugador muy Obradoiro». Probablemente se refería a esa predisposición al esfuerzo, a que es una pieza de las que hacen equipo. Responde a un perfil muy valorado por la grada, que no ha tardado en reconocerle su aportación.

Si vale el paralelismo con el fútbol, podría asemejarse a jugadores como Busquets en el actual Barcelona o Mauro Silva en su día en el Dépor, centrocampistas que están leyendo el juego constantemente y hacen más sencilla la tarea a sus compañeros.

Álvaro Muñoz, preguntado sobre el particular, respecto a si se ve en ese rol al que el seleccionador nacional, Sergio Scariolo, suele etiquetar como «pegamento», reflexiona desde la modestia: «He faltado a tres partidos este año. Uno se ha ganado, uno se ha perdido y el sábado estuvimos muy cerca de la victoria. No me doy tanta importancia. El equipo está por delante de las individualidades. Hay gente de sobra con ese rol».

Lo que sí concede es su predisposición a echar una mano en cualquier faceta: «Intento ayudar en todo lo que pueda. No soy un diez en ningún aspecto del juego, pero procuro ser un 6,5 o un 7 en varios, ayudar en lo que haga falta. Es lo que me hace sentir bien como jugador».

Actualmente se recupera de una rotura fibrilar en el sóleo y lo que más le cuesta es «ejercitar la paciencia, que no es fácil». No obstante, ya ha asumido que la suya es una lesión en la que apurar los plazos incrementa el riesgo de recaída y está mentalizado para ir paso a paso.

Nunca había sufrido un percance de estas características y eso no hace sino añadir un punto de inquietud: «Si fuese un esguince de tobillo, que he tenido más de uno, sabría cuál es el proceso. Pero esto es nuevo. Quieres ir un poco más y a lo mejor es peor». Prefiere no marcar un horizonte para la reaparición e ir día a día en el trabajo con el preparador físico, Rubén Vieira, y el fisioterapeuta, Tomas Richartz.

El cariño de la afición

Lo que peor lleva es el sufrimiento viendo los toros desde la barrera: «Se pasa muy mal». Pero también hay una parte positiva, al comprobar el cariño de la grada: «La afición me ha hecho llegar muchos mensajes de ánimo a través de las redes. Es de agradecer. La gente del Obra siempre está a tu lado. El sábado fue un ejemplo. No nos estaba saliendo un partido brillante pero no dejaron de animar ,y con su aliento casi conseguimos darle la vuelta al marcador».

Además de su lesión, el equipo esta sufriendo diferentes percances físicos estos días. Muñoz confía en que pasen pronto y en todo caso subraya que nadie está a salvo de esas dinámicas. Pone el ejemplo del Fuenlabrada y el Manresa este mismo curso.