Vilagarcía se llenó del color de los cientos de visitantes

REDACCIÓN VILAGARCÍA

AROUSA

20 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Durante tres días el Festival do Norte congregó a muchísimos foráneos y no pocos vecinos. Las calles se plagaron de todo tipo de faunas urbanas. En A Baldosa se pudo ver a punkies, individuos con pinta de okupas de vacaciones, y demás especímenes poco convencionales. Pelo largo que no conoce lo que es una peluquería, trenzas rastas, y muchos perros sin bozal. Las camisas y los naúticos también tuvieron representación aunque ésta fue ínfima. No era la línea del festival. Los poppies fueron una de las legiones más numerosas. En Pescadería pudieron verse dianas en camisetas que recordaban a los Who, cinturones blancos muy anchos y algún que otro peinado retro. Hubo también presencia de los amantes de los sonidos electrónicos. Camisetas ajustadas, en tonos naranjas sobre todo, rogaban sin ninguna esperanza por un poquito de house. Ni una triste carpa de chill out para los chicos. La procedencia también era variada. El pabellón español quedó bien alto. Los mochileros procedían de todos los puntos de Galicia y de gran parte del noroeste. Pero no faltaron alemanes, holandeses y demás sujetos procedentes del norte europeo. En cuanto a edades, pocas canas pero el poder de convocatoria también atrajo a talluditos. Toda esta variedad sólo encontraba un punto de cohesión: querer disfrutar de la mejor música independiente.