El sublime arte de cortar cintas

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Fraga certifica el sellado con tiempo para visitar el puerto deportivo y el Club de Regatas

07 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Como si el metereólogo oficial del país, Santiago Pemán, hubiese firmado un convenio con las alturas, el sol desparramó ayer toda su potencia otoñal sobre las laderas del monte Xiabre. La bonanza no estaba de más. Por delante, una intensa tarde en la que el presidente de la Xunta, Manuel Fraga, tenía no menos de tres citas en Vilagarcía. La primera, con el extinto vertedero municipal. La segunda, con el puerto deportivo y Marina Vilagarcía. La tercera y última, con el Club de Regatas Galicia, en plena celebración de sus primeros cien años de vida. Fuera contradicciones A estas alturas, queda perfectamente claro que el primer mandatario autonómico resuelve este tipo de eventos con completa soltura. El caso del vertedero añadía, a la complicada orografía del terreno, una segunda dificultad: la contradicción lógica que media entre una inauguración y una clausura. Sin problemas. Fraga logró la síntesis al descubrir la placa del sellado con eficacia y desarrollar un discurso vindicativo del medio ambiente. Y de Sogama, claro está. Pero, ojo, también se interesó vivamente por los aspectos técnicos de la actuación, junto al alcalde, Javier Gago. De la montaña al mar En una tarde de síntesis, tras la montaña llegó el mar. La sede de Marina Vilagarcía funciona ya desde el año pasado. Ahora que, estrictamente, la reforma del puerto deportivo no finalizó hasta junio. Así que la inauguración estaba plenamente justificada. La comitiva, con un notable peso del Partido Popular, se amplió allí con los representantes de todas las instituciones locales relacionadas con la gestión océana: Capitanía Marítima, Comandancia de Marina y Autoridad Portuaria, con Benito González Aller al frente. El circuló se cerró en el Club de Regatas. La entrega de la Medalla de Oro y la nostálgica semblanza de un siglo que perfiló Pedro Piñeiro lograron emocionar, finalmente, al presidente de la Xunta.