AREOSO | O |
09 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.MATAR al mensajero. Es el deporte nacional. Lo practica el político corrupto, el delincuente, el narcotraficante y todo tipo de culpables de asuntos mayores o menores que no quieren reconocer que son ellos los responsables de sus penurias y no los periodistas que, cumpliendo con su trabajo, informan simplemente de lo que es verdad. A la lista de asesinos de mensajeros hay que añadir a uno que ha hecho realidad lo que en el común de los casos es sólo una expresión. El ejército de los Estados Unidos mató al periodista ferrolano José Couso, cámara de Telecinco. Con él todos sus compañeros, de todos los medios de comunicación, han recibido un balazo.Y es que los periodistas tienden a no casarse con nadie. Ya ven, los Marines los entrenan y se los llevan al frente con ellos creyendo que así dirán lo que ellos quieren o que, en el peor de los casos, podrán controlar su información. Ni con esas. Muchos han sido expulsados simplemente por ser fieles a su compromiso con la verdad.Couso, como Julio Anguita Parrado (de El Mundo), han dado sus vidas por cumplir con su deber. Es una tragedia, pero muchos de los que admiramos a los periodistas no podremos evitar sentirnos para siempre orgullosos de su profesionalidad.