AREOSO | O |
13 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.COMO resulta una cuestión recurrente, no me siento capaz de sustraerme a este nuevo episodio surgido en la playa de A Compostela. La imagen del paisano descubriendo su huesuda y lastimada pierna al mundo es sobrecogedora por varias razones. La primera y fundamental, ¿a qué esperan nuestras sagaces instituciones para solucionar este verdadero galimatías? Un lugar que se quiere turístico y con vocación abierta al veraneante debe transformar el interés del visitante en buenos dividendos, no en cabezas abiertas, pies lastimados o pantorrillas sangrantes. Urge, por lo tanto, una ordenación del espacio lúdico en el arenal vilagarciano. Sin embargo, tampoco sería justo restringir sin más la geografía del disfrute porque, al fin y al cabo, la playa que surge en A Compostela es más producto de la mano del hombre -en este caso de la maquinaria del paseo marítimo- que de los santos esfuerzos de la cofradía o los parquistas. No es de ley, por lo tanto, que el marisqueo se apropie por la cara de un emplazamiento que nació para reivindicar una Vilagarcía hacia el mar, no sólo hacia las almejas. ¿A quién corresponde poner orden? ¿Dónde está ese Salomón que decidirá con justicia sobre la playa de la disputa? No desde luego en el Concello, ya que las competencias sobre los recursos marítimos corresponden a la Xunta. No obstante, tampoco estaría de más que partiese de nuestros munícipes una propuesta cabal y razonada que al menos ponga a pensar a las mentes de la Consellería de Pesca, tan absorta últimamente con el Prestige . Lo más probable es que estas líneas no sirvan para nada. Pero en una campaña tan ligera de ideas, ahí queda una de ellas.