MAR DE FONDO | O |
21 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EN UNA época en la que parece que lo único que vende es el novio de la Pantoja o el divorcio de Sara Montiel, alguien podría pensar que la vida privada de un alcalde también tiene un interés público. Pero no es así. Esos comentarios con los que algunos se empeñan en adornar plazas y calles son más propios de un patio de vecinos que de una ciudad. Y si alguien se empeña en mostrarlos es porque, seguro, carece de argumentos para denunciarlos.