Una noche para los enamorados

María Hermida
María Hermida VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

En directo | El concierto de La Oreja de Van Gogh en Vilagarcía Las románticas letras de los donostiarras llenaron de pasión el recinto de Fexdega

12 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Cupido no faltó a su cita de Vilagarcía: el que no estaba enamorado en la capital aruosana, se encandiló ayer al son de La Oreja de Van Gogh. «El cielo acostado detuvo el tiempo en el beso y ese beso a mi en el tiempo», cantado casi entre susurros, fue uno de los regalos románticos de los donostiarras. El de los novios que acudían de la mano al evento, el de las miradas que se cruzaron en el concierto y tardarán mucho en separarse o el de los fans obnubilados por los magos del pop fueron algunos de los amores que se vivieron en el recinto vilargarciano. La Oreja de Van Gogh derrochó adenalina e intimismo. En una palabra: pasión en estado puro. El concierto comenzó con puntualidad británica. A las 21.30 del reloj electrónico de los fans, los acordes rockeros de Melmaniacs (que actuaban de teloneros) sonaron bien alto en Fexdega. Poco a poco, fueron animando al público, aunque los nervios por ver salir a la palestra a los chicos del «café con sal y las ganas de llorar» no dejaban concentrar a más de uno en el Who cares? de los madrileños. Finalmente, la empatía de Leti (la cantante de Melmaniacs) y los acordes cañeros del grupo se llevaron vítores y aplausos por doquier. Poco tiempo hubo para comerse el bocadillo de jamón o tomarse la cañita que vendían en los bares del recinto. Tal y como estaba previsto, a las diez y media de la noche saltaron a los catorce metros de escenario los componentes de La Oreja de Van Gogh. A partir de ahí, como suele decirse, la historia cambió de nombre. Vilagarcía se entregó. Comenzaron de la mejor de las maneras. Con ese «quiero estar a tu lado, quiero mirarte y sentir, quiero perderme esperando, yo quiero quererte o morir». Y por si la llama no ardía suficiente, ahí estaba la reina de la voz aterciopelada para asegurar que «siempre merece la pena venir a ver a gente tan maravillosa como vosotros». Besos al aire, aplausos, lágrimas de emoción y muchas instantáneas en los teléfonos móviles. Aunque la mayoría de los seguidores eran parejitas de las que nacieron con Naranjito y los Mundiales del 82, no faltaban ni los que todavían se ríen con Shin Chan ni los que vivieron los coletazos del Franquismo. Se notó la presencia adulta cuando los donostiarras mostraron su lado más social con un grito de «esto va por todo lo que está pasando en España» y entonaron el España, camisa blanca de Ana Belén. Muchos sabían de qué iba la canción. Más y más amor. Y una estrella fucsia en la camiseta de Amaia. Sin duda, símbolo de la buena estela que acompaña a La Oreja de Van Gogh.