En paños menores

AROUSA

AREOSO | O |

14 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

SÁBADO NOCHE en un pub, Bisbal sonando a todo trapo y ella en la tarima. La ves, moviéndose, con su cabellera pelirroja y sus plataformas del quince (centímetros y de sus quince años). Pero no, no puedes fijarte ni en sus contoneos, ni en su sonrisa ni en su sacrificado moreno. Un elemento perturbador llama tu atención: es de colores y tiene un Shin Chan gigante. Es su tanga. Allí donde en otros tiempos las telas tejanas cubrían, ahora hay colores y muñecotes. Otro. Te asomas a una callejuela donde el botellón pega sus últimos coletazos. Y está el. El chicho monísimo de sonrisa Profiden, que juega al fútbol. Nada, tampoco puedes centrar tu atención ni en sus chistes, ni en sus ojos color mar. Otro elemento divino te llama. Esta vez los muñequitos son diversos, parecen lunares combinados con coches. Son sus gallumbos (dícese del calzón a media pierna). Después de la camiseta y hasta que el vaquero hace aparición (allá por la altura de la rodilla), se pueden apreciar esos benditos abanderados. Es lo que hay. El reino del tanga y los gallumbos habita entre nosotros. Nada en contra, que en la variedad está el gusto. Pero que se preparen los académicos de la Lengua. Que lo de ropa interior y paños menores parece que quedó obsoleto.