AREOSO | O |
01 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.QUE LOS TIEMPOS han cambiado está claro. Miren la canción del verano. Durante años, ahí tuvimos a Georgie Dann aleccionándonos cada año con un tema de calado social. Primero nos quitó los prejuicios racistas hablando de un negro simpaticote. Y luego le echó un cable a los chiringuiteros animándonos a todos a criar barriguita cervecera a pie de un bareto de playa. Puede decirse que, además de ritmo, el hombre le ponía un toque picantón a las letras, como aquello de asar salchichas y choricillos en la barbacoa, para animar el cotarro. Nada que no pudiesen bailar Pepiño y Maruja delante de los niños, hombre. La cosa se desmadró un poco cuando King África le tomó el relevo. Aquello de hacer unos movimientos rarísimos, entre sexys y salvajes, para bailar la bomba casi acabó convirtiendo las fiestas del pueblo en locales de estriptís. Nos parecía la repera, claro, pero al pobre de King le hicieron inocentón sus sucesores. Este verano, fíjense ustedes, por una banda tenemos el «llevo la camisa negra, hoy mi amor está de luto, llevo la camisa negra y debajo llevo al difunto» y por otro una horterada en la que un pesado le llama tonta a una mujer a la que tiene que hacerle el bigote, mi má. Menos mal que siempre nos queda Ghallosiño cos máis ghrandes, oh.