La culminación de un desencuentro

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

?Correctas». Ese es el calificativo más amable que se puede aplicar a las relaciones entre la Consellería de Pesca y el Consello Regulador do Mexillón de Galicia. Y a veces ni eso. En los últimos meses, muchas palabras y muchos gestos dejaron al descubierto que la comunicación entre ambos organismos estaba congelada, fría como un muerto. Para muestra, un botón: siete meses después de que Ramón Dios fuese elegido presidente de la DOP, el conselleiro de Pesca aún no ha girado la visita protocolaria de rigor al edificio del Mexillón de Galicia. Parece que esa foto no se hará. El desencuentro comenzó hace mucho. Tras el nombramiento de Dios Suárez no hubo siquiera el tradicional intercambio de llamadas de cortesía entre Vilagarcía y Santiago. La ratificación del isleño en su cargo, a través del DOG, se demoró más de un mes. Y el primer encuentro oficial entre el presidente del Consello y el titular de Pesca no llegó hasta finales de abril. Hasta entonces, López Veiga y Ramón Dios se habían cruzado en actos protocolarios, pero apenas habían intercambiado unas palabras. Luego, la frialdad institucional comenzó a cargarse de energía. Dios Suárez empezó a cuestionar, tanto en asambleas como en actos públicos, algunas decisiones de la Xunta: los controles de toxinas, los parques de tecnología alimentaria, el apoyo a la DOP... López Veiga, acostumbrado a las críticas, parecía haber digerido éstas. Sin embargo, la digestión se ha vuelto pesada y el conselleiro no ha querido irse sin lanzar un órdago. Un adiós amargo o un morir matando.