Mudanzas

AROUSA

AREOSO | O |

19 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EN LA VOZ estamos de mudanza. Ayer dejamos Rey Daviña y hoy estrenamos las nuevas oficinas en Ramón y Cajal 13. Dejamos mucha vida en el viejo edificio, mucho trabajo, muchas vivencias... y también mucho papel. Nada mejor que una mudanza para comprobar el apego que tenemos por las cosas que forman parte de nuestra existencia. En nuestro caso papeles, pero los mecánicos acumularán herramientas y las peluqueras, productos de belleza. La tendencia es a guardar, por si acaso. Por aquello de que nunca se sabe lo que puede hacer falta, porque quien guarda siempre tiene, porque ya habrá tiempo de tirar. Y así, día a día, año a año, vamos juntando un montón de material inservible en el que sólo reparamos cuando nos toca hacer limpieza por decreto. Desde luego, no es este mi principal pecado, otros hay. Pero sí veo que hay personas para las que tirar cosas se convierte en un sacrificio al que se someten sólo por la imperiosa necesidad de dejar espacios libres. Somos conservadores por naturaleza y esta tendencia, que en el caso de una mudanza se queda en la mera anécdota, se puede extrapolar a otros ámbitos de la vida. Nos cuesta desprendernos de los objetos porque estamos programados para tener más que para ser. Algo de nostalgia habrá, de emotividad, también. De miedo a mirar atrás y saber que cada vez hay más pasado que recordar. Miren la multisectorial de Fexdega, que la siguen manteniendo con respiración asistida cuando todos sabemos que el futuro está en las monográficas, A lo que íbamos, carpe diem. No es cuestión de propugnar la filosofía hippy ni invitar a dejar la hipoteca de la casa para hacerse al monte con la mochila al hombro. Pero hay que reflexionar, que dirían Os Resentidos, y aprender a que vivir es dejar cosas por el camino. Las mudanzas son un buen ejercicio mental.