Análisis | Recaídas de los ex-toxicómanos Un drogadicto, como un alcohólico o un fumador, lo es para toda la vida. Todo empuja a la recaída. Pero Lorenzo García había conseguido algo muy difícil: el apoyo de la sociedad
13 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.El indulto es un papel, pero la sociedad no perdona. El indultado vuelve a casa con el permiso bajo el brazo y tiene que buscarse la vida, encontrar un trabajo, hacer frente a unas responsabilidades que antes evitaba con un pico , evitar a los antiguos amigos, superar la tentación en una noche en la que se pasa un poco de la raya... Si ya es difícil para un ciudadano común, qué no será para quien está acostumbrado al dulce arrullo de la droga. Y siempre con la sospecha encima. El currículum pesa a la hora de firmar una nómina, nadie quiere contratar a quien un día le puede desvalijar la oficina, y la sombra de la policía, que tiene más que fichado al individuo, le señala con el dedo sea o no culpable. Pero Lorenzo García había conseguido algo con lo que ni siquiera sueñan muchos ex-toxicómanos. Que la familia, los vecinos y hasta todo un municipio le mostrara su apoyo y hubiese empresarios dispuestos a creer en él. Pese a ello, Lorenzo García también recayó. Hay quien dice que por las malas compañías, pero en estos casos siempre es difícil asegurar quién es el malo y quiés es la compañía. La vida es muy dura y son muchos los que quedan en el camino. Con todo, uno no puede caer en la tentación de generalizar con el caso de Lorenzo García. Porque hay muchos que sí salen del pozo. Proxecto Home, Albatros y otras asociaciones lo saben. A veces los renglones torcidos se enderezan.