El poder de la gripe

AROUSA

AREOSO | O |

24 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

NI EL TERRORISMO islamista, ni los huracanes que asoman desde el Caribe, ni la temida y temible ruptura de España. Sólo los pollos han conseguido ponernos en alerta. El complejo intermareal Umia-O Grove está considerado como una de las zonas de alto riesgo de contagio de la gripe aviar. Los parrulos que llegan de África o del frío norte ya no son bienvenidos. Son elementos sospechosos que, al mínimo síntoma de decaimiento, corren el riesgo de ser confinados o diseccionados en canal. Dicen los expertos que no hay motivo para la alarma, pero toda precaución es poca. El virus H5N1 se acerca cada vez más y ya se ha llevado a más de uno por delante. Todo esto da que pensar sobre lo vulnerable que es nuestra especie. Armados hasta los dientes, en plena era de la tecnología y con la medicina más eficaz de la historia y llega un simple virus por el aire para poner el sistema patas arriba. Esta vez no vale ni el antitusivo, ni la aspirina efervescente ni la miel con limón. Esta gripe no se cura con tres días de cama, y esperemos que se quede ahí la cosa. ¿Sabían que todavía hay mucho germen fuera de control? ¿Les suena la famosa gripe española? Me cuenta Xaime Mariño -que es una enciclopedia andante- que aquella mató en 1918 a millones de personas en todo el mundo y que cuando ya nadie se acordaba de ella aparece un investigador que descubre que el virus sigue vivo en unos cadáveres enterrados y bien conservados bajo el hielo de Alaska. Los cerebritos ya han reconstruido su base genética, o algo así, pensando en los avances de la ciencia. Pero no falta quien cree que mejor sería no haber removido tumbas, no vaya a ser que el destino vuelva a ponerlo en circulación y nos topemos con otra gripe mortífera. Y la mala fama, esta vez, no se la llevarán los pobres patos y pollos.