El constructor, que está en rebeldía, no se presentó al juicio celebrado ayer en Vilagarcía Fenosa se niega a colocar los contadores por detectar irregularidades en la instalación
03 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El titular del juzgado número tres de Vilagarcía declaró visto para sentencia el juicio celebrado ayer a instancias de la comunidad de propietarios del número 35 de la calle Blanco Amor, en Vilagarcía, que acusa a dos arquitectos y al constructor de la obra de los fallos detectados en el inmueble desde que hace unos tres años se instalaron en él. El abogado de los inquilinos solicitó para José Antonio Martín, redactor del proyecto, Manuel Castromil, arquitecto técnico de la obra, y Modesto Figueirido, promotor y constructor, una multa de 240.000 euros por responsabilidad solidaria. El último, declarado en rebeldía, no se presentó al juicio. Sin ascensor Los propietarios alegan que se les vendió un edificio con ascensor y que no lo tiene, aunque sí el hueco para su instalación. En los garajes se cosntruyeron más plazas de las que permitía la superficie y por eso ahora nadie sabe cuál es la suya, porque fue necesario reducir el número y aún así no queda espacio para maniobrar, por lo que muchas de ellas están inutilizadas. Además, sufren humedades y filtraciones de agua, en los pisos se oyen los ruidos de los vecinos y lo que es más grave, llevan desde entonces con luz de obra porque Fenosa se niega a instalar contadores individuales al tener que compartir el espacio con los del agua, lo que, según se manifestó en el juicio, no es legal. Los propietarios no supieron de estas deficiencias hasta que tomaron posesión de sus viviendas. Luego, ya instalados, se enteraron de que el arquitecto había emitido el certificado de fin de obra cuando aún no había licencia de primera ocupación. La comunidad cree que tanto los arquitectos como el constructor son responsables de los fallos, de ahí que soliciten a todos ellos una indemnización. Testimonios En el largo juicio celebrado ayer declararon los arquitectos imputados, la presidenta de la comunidad de vecinos, otros inquilinos y varios peritos contratados, bien por la comunidad o por los arquitectos, que aportaron su visión como técnicos de las irregularidades detectadas. Los imputados y sus abogados trataron de demostrar que había sido el constructor el que, incumpliendo los proyectos originales, realizó una serie de variaciones en la obra con el fin de vender más pisos y ganar espacio en el sótano. Así, las filtraciones del agua en el garaje, a entender de la defensa, se debían a que se había aumentado la superficie inicial y había un riachuelo que pasaba por debajo. En cuanto al ascensor, se dijo que los planos recogían el hueco, pero que ya no era responsabilidad de los técnicos que el ascensor se colocara o no. Un perito aseguró que se había llegado a instalar, pero que, como no se había pagado, lo habían retirado. En cuanto a las modificaciones hechas en el garaje -cierre de las plazas y tapiado de los conductos de ventilación- alegan que se hicieron después de que ellos firmaran la obra. El redactor del proyecto sí reconoció que la altura del sótano era inferior a la ordenanza municipal, pero que la rasante del suelo estaba sobreelevada y que por eso se había limitado la altura, «pero cuidando que fuera útil y utilizable». En cuanto a que los contadores de luz y agua estuvieran en el mismo cuarto, José Antonio Martín indicó que la normativa lo permitía, algo que negaron otros peritos. Los propietarios del edificio de la calle Blanco Amor llevan años denunciando la situación en la que se encuentran sin que nadie les aporte soluciones, ya que del constructor no saben nada desde hace años. Hace unos días ardió el contador eléctrico de la fachada, un suceso que no creen que sea casual y que relacionan con el juicio celebrado ayer.