AREOSO | O |
30 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.LLEGA LA NOCHE de Difuntos, y con ella, la polémica que se repite todos los años desde que los profesores de inglés cometieron ese delito de impregnar a nuestros hijos de la tradición anglosajona de la fiesta de Todos los Santos en detrimento de nuestras más ancestrales costumbres. Por eso ahora no hay concejal de cultura o docente que se precie que, a la hora de organizar cualquier actividad para estos días en los que despedimos octubre y recibimos noviembre, no dejen bien claro que sí, que van a colocar velas en las calabazas y los niños se van a disfrazar, pero siempre respetando la pureza de las tradiciones galaicas, y no contaminados por el perverso cine americano. O sea, que Samaín es bueno y Halloween es malo. Y lo cierto es que no hay más que escarbar un poco en las dos tradiciones para comprobar que tienen un origen común. No es de extrañar si se tiene en cuenta que no hay cultura americana que le sea propia, porque todo lo que tiene América proviene de Europa, de África o de las tribus indias. Y además, puestos a rechazar costumbre ajenas no sé por qué tenemos que renegar de Halloween y sí quedarnos con el Juan Tenorio, que a fin de cuentas es una cosa muy castiza, propia de esos años oscuros de la historia de España en la que se nos colonizó también a través de la literatura castellana en detrimento de nuestras letras gallegas. Que nadie se engañe. La cultura está cargada de contaminaciones que, en la mayoría de los casos y siempre que fueron aceptadas de forma voluntaria por los pueblos receptores, no hicieron más que enriquecerlos. Otra cosa es la imposición, y otra todavía peor es no sentir orgullo por lo propio y adoptar lo ajeno por considerarlo mejor. Quizás es lo que nos pasa con la Coca-Cola, las hamburguesas y el cine americano. Pero la culpa, desde luego, no la tienen los yankees.