Algunos malinterpretaron ayer el programa de la fiesta y acudieron al mediodía a O Grove pensando que ya había marisco en las mesas. A esa hora se celebraban los actos institucionales pero la apertura de los puestos de degustación no se produjo hasta las siete de la tarde.
Fue un chupinazo menos ruidoso y multitudinario que el de San Fermín pero vale como metáfora para explicar lo que va a ocurrir en los próximos diez días. En O Grove se produce cada año por estas fechas una bacanal para los amantes de los manjares que produce el mar de Galicia. Bajo una gran carpa se concentra una oferta de mariscos difícil de superar. Sólo falta la centolla, y porque está en veda. Ocasión habrá en noviembre de degustar el crustáceo rey de las rías en las Xornadas do Centolo que ya se han empezado a organizar.
La carta de la Festa do Marisco se nutre de una veintena de platos en los que caben desde los socorridos mejillones al vapor, a 3 euros la ración, hasta los preciados camarones, a 10,50 euros los cien gramos. Hay mucho más: cigalas, nécoras, percebes, navajas, ostras, berberechos, almejas, zamburiñas, vieira y pulpo á feira . Y para el que quiera algo más consistente hay arroz de mariscos y hasta cinco clases de empanadas. No faltará otro clásico de la fiesta; el rodaballo de Galicia a la plancha. Todo ello regado con vinos ribeiro, albariño y mencía y torta de Santiago de postre.
La carpa de degustación no ofrece un servicio de lujo -hay que comer de pie y en platos de plástico- pero, si se mantienen los niveles de servicio y calidad de otros años, la rapidez y la limpieza están garantizados. Y el buen gusto, también.