El paso de camiones acaba con los nervios en Cornazo

S. L. L.

AROUSA

Cuando Paulina Alvites se plantó el pasado sábado en medio de la carretera para cortar el tráfico es que ya no podía más. Lleva mes y medio soportando por delante de su casa el paso de los camiones de la carretera de circunvalación, uno cada veinte minutos, cargados con treinta toneladas de arena y piedras cada uno y a más velocidad de la que debieran. «Xa non é polo ruído -confesaba ayer nerviosa- é que tembla toda a casa, e as baldosas do baño empezan a moverse».

Hace ya varios días que los vecinos de la Rúa de Santa Mariña, en Cornazo, denunciaron su malestar ante los agentes de la policía local. «Dixéronnos que os camións non podían pasar por aquí a esa velocidade, pero eles, nin caso», aseguraba el marido de Paulina.

Se trata de un estrecho vial por el que ahora pasan continuamente los camiones que trabajan en la carretera de circunvalación, y lo hacen pegados a la casa de Paulina, a una velocidad muy superior a los 20 kilómetros por hora fijados en la zona. Entre el tráfico pesado, las voladuras que están horadando el monte Lobeira, la arena que se mete en casa y el ruido de los coches, los vecinos ya no pueden más.

Por eso la mujer, apoyada por su marido, se plantó el sábado delante de la carretera e impidió el paso de los camiones. Tuvieron que esperar a que llegase la policía nacional y convenciese al matrimonio de que debían gestionar su malestar de otra manera. «Que fóramos ao xulgado, pero digo eu que non imos ir cando xa nos tiren coa casa, haberá que protestar antes para arranxalo».

Hasta cinco camiones tuvieron que esperar haciendo cola hasta que Paulina Alvites se apartó de la carretera. Y ya es la tercera vez que lo hace, y está dispuesta a repetirlo, aseguraba ayer mientras se secaba las lágrimas, totalmente afectada por los nervios.