Los errores propios han conducido al gaguismo a un triste final, aunque hay quienes prefieren buscar responsabilidades ajenas
02 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Hay cosas que solo pueden hacerse una vez, como disparar la última bala que queda en la recámara. El prestigio personal de Javier Gago sirvió como acicate para la confección de una candidatura crítica que sin él jamás hubiese llegado tan lejos. Lo sabían muy bien sus compañeros de viaje, que se esforzaron al máximo por convencerlo de las bonanzas de esta postrera cabalgada hacia el amanecer. La autoridad y el ascendiente ganados a lo largo de 16 años de gestión municipal se pusieron en juego. Hubo movilización dentro y fuera del Concello. Incluso Seso Giráldez volvió a levantar el teléfono. Pero no fue suficiente y el gaguismo como corriente interna en el PSOE de Vilagarcía cosechó el viernes una derrota, sino definitiva, sí dura y triste. Sus partidarios podrán enarbolar su pabellón de nuevo, pero nunca ya como en esta ocasión ni con tan ambiciosos objetivos.
Son muchos los errores propios que han llevado al sector crítico a este callejón sin salida. Para empezar, la falta de objetivos definidos más allá de una vaga petición de «mano dura». ¿Con quién? Es de suponer que con el grupo municipal socialista. Se defendió, asimismo, la «autonomía» de la ejecutiva. ¿Pero con respecto a quién? Al grupo municipal, nuevamente, pero sobre todo al secretario provincial, Modesto Pose , como si ambos fuesen entes ajenos al PSOE y no una parte fundamental del partido.
Confusión de principio a fin
La confusión entre la necesidad imprescindible de la autocrítica y el funcionamiento real de la organización no es nueva. Se produjo ya en el proceso de elección del candidato a las municipales y de la propia candidatura. Quienes se sintieron excluidos difundieron la idea de que todo se había cocinado en Santiago, obviando que fueron los pesos pesados del PSOE de Vilagarcía -entre los que figura Pose, pero también el mismo Gago- los que decidieron y pulieron la propuesta que a continuación fue respaldada por la mayoría de la militancia. Exactamente igual que ha sucedido siempre, antes y ahora.
Esta ausencia de metas claras quedó patente antes incluso de comenzar la asamblea. Cuando los afiliados llegaron a la sala de conferencias del auditorio se encontraron, en cada silla, con ocho folios firmados por la candidatura que lideraba Tania García . Era su programa, un documento denominado Proxecto PSOE 21, Vilagarcía á vangarda do socialismo . El equipo de Tuco Renda no traía nada parecido bajo el brazo. Él fue el primero en percatarse del gatillazo, y así sostuvo, en su exposición inicial, que en realidad su programa coincidía con el de su contrincante, ya que, al fin y al cabo, los dos militan en el mismo partido. Un argumento cogido por los pelos, máxime cuando la indefinición se extiende a la composición de su grupo, en el que conviven verdaderos antagonistas políticos. Si no existe ningún programa, ningún objetivo preciso y colectivo que explique y aglutine a tan distintas voluntades en un mismo proyecto, transmitir un mensaje coherente se torna imposible.
Pero hay un último punto, tal vez el más importante, que los críticos han ignorado desde el principio. La situación que atraviesan el gobierno local y su partido, en la que tantos peligros detectan - Francisco de la Barrera llegó a conjurar el fantasma de un Tomás Fole alcalde- es consecuencia directa de las decisiones de Javier Gago. Primero, cuando postergó su relevo en la alcadía por Jesús Paz hasta hacerlo inviable, tras el nombramiento de este último como presidente de la Autoridad Portuaria. Después, con su renuncia a ser de nuevo el candidato a un año vista de los comicios. Determinación que, él mismo lo afirmó en la asamblea, fue absolutamente personal y adoptada al margen de cualquier otro ámbito, PSOE incluido.
Por capacidad y méritos, la carrera política de Gago López debió trascender hace tiempo los límites de Vilagarcía. Nunca lo hizo, con el paréntesis de sus cuatro años en el Congreso. Tal vez haya que buscar la razón en posicionamientos como este. Ya en la asamblea, pero también durante los próximos días, asistiremos a la ceremonia de la búsqueda de culpas ajenas. Como quienes centraron su cabreo ante la ruptura de los Beatles -uno de los grupos favoritos del ex regidor, por cierto- en la figura de Yoko Ono , en lugar de dirigir su mirada hacia las miserias de los cuatro de Liverpool. Poco importa. Los oficialistas y el grupo municipal pueden respirar. El gaguismo es historia. Lo que implica que ya no tienen disculpa. Ganar o perder es, ahora, su entera responsabilidad.