El sigilo del presidente genera toda clase de especulaciones en Arousa. La última sitúa a Pedro Piñeiro en el Puerto de Vilagarcía
19 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Alberto Núñez Feijoo
preside, desde el jueves, la Xunta. La primera virtud del mandatario popular es, no cabe duda, la discreción. Parece imposible, pero a lo largo de un mes y medio el líder conservador ha sido capaz de mantener un estricto silencio alrededor de su particular libreta para la confección del Gobierno gallego. Más allá de la identidad del conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda -a quien por cierto se pudo ver en la zona TIR no hace mucho disfrutando de los monólogos de Pedro Reyes - de sus intenciones solo ha trascendido lo que él mismo ha querido. Y, hasta su investidura, ha sido más bien poco. El sigilo, siempre recomendable, acostumbra a premiar a quien lo practica con mayores márgenes de maniobra, pues, como todo el mundo sabe, cada uno es esclavo de sus palabras, y bastantes cosas, algunas de tremendo grosor, se dijeron ya en campaña. Pero posee, también, un inevitable reverso oscuro: alimenta las especulaciones y acentúa el nerviosismo.
La transición poselectoral entre el bipartito saliente y el Ejecutivo popular entrante se inició en Arousa con un lógico interrogante acerca del cambio inminente en los puestos clave de la Administración autonómica. Para empezar, en la presidencia de la Autoridad Portuaria de Vilagarcía, el quinto puerto de interés general de la comunidad, cuya titularidad teórica corresponde al Ministerio de Fomento mientras su funcionamiento ejecutivo se decide en realidad en Santiago, al igual que el nombre de quien lo dirige.
El primer nombre que surgió en las quinielas a la hora de relevar al socialista Javier Gago fue el del presidente local y portavoz municipal del PP, Tomás Fole . El partido, en la capital arousana, vio con buenos ojos esta posibilidad. Con las municipales a tiro de dos años, el sillón del muelle de Pasajeros podría convertirse en el trampolín institucional preciso para que el candidato popular se proyectase con garantías hacia la alcaldía. Dando por hecho, claro, que el equipo de Feijoo apostase por devolver al cargo el elevado perfil político que tuvo bajo los mandatos de José Luis Rivera Mallo y de Manuel Bouzas , y perdió en cambio con la dirección eminentemente técnica de Benito González-Aller .
El riesgo de ser mal entendido
Una operación semejante entraña, con todo, sus riesgos. El más grave, una hipotética desvinculación de Fole con respecto a la cotidianidad de Ravella en un momento, además, en el que el grupo municipal conservador podría experimentar numerosos cambios. Porque el del portavoz no sería el único cambio posible. Se da por hecho, así, que la nueva Consellería do Mar, cuya creación fue anunciada en campaña, se llevará al anterior director del Intecmar, Juan Maneiro . Y hay quien piensa que también Teresa Rey , ex directora xeral de Familia, puede contar para el engranaje autonómico. Tres sustituciones en un equipo de siete personas parecen demasiadas. Por otra parte, el paso del presidente local al Puerto podría ser interpretado no como un impulso sino como una retirada de la carrera por la alcaldía, algo de lo más inadecuada cuando los conservadores se sienten, por primera vez en veinte años, capaces de arrebatar el bastón de mando de Ravella a los socialistas.
Así que la opción de Fole, sin llegar a descartarse, fue enfriándose. Surgieron, paralelamente, otras hipótesis. La más obvia, por haberse postulado en el pasado para el puesto, fue la del vilanovés José Juan Durán , vicepresidente y responsable de Cultura de la Diputación. Pero él mismo se encargó de descartar completamente cualquier posibilidad en este sentido.
La línea de 500 metros
La incógnita se despejará en breve, no sin antes añadir un tercer nombre a la cábala. A lo largo de esta semana ha podido escucharse en diferentes círculos políticos la idea de que Pedro Piñeiro , presidente del Club de Regatas, podría presidir también la Autoridad Portuaria de Vilagarcía, a cuyo consejo de administración perteneció como vocal en la etapa previa al bipartito. Se trata, en fin, de una muestra más de los delicados equilibrios que quien ostenta el poder debe establecer entre los intereses de su partido a nivel local y general, la eficacia exigida por los puestos clave de gestión y las personas de confianza para ello.
La solución al enigma es cuestión del futuro inmediato. Pero Feijoo ha dado ya algunas pinceladas de realidad palpable con indudable influencia en O Salnés. Por ejemplo, el mantenimiento, inteligente y positivo, de la prohibición de construir a 500 metros de la costa mientras su Gobierno no elabore su propio plan para el litoral. Habrá que ver qué opinan ahora los furiosos detractores de aquella decisión del bipartito. Se iba a acabar el mundo, dijeron, como el alcalde de Vilanova, Gonzalo Durán , que llegó a pintar con brocha gorda una línea imaginaria en su municipio. O los autores de los pasquines que alguien distribuyó el mismo día de las votaciones en Cambados, fotografiando sin demasiado criterio las viviendas a las que la moratoria afectaría. Algunas, incluso en Oubiña. ¿Será que todo aquello al final no era tan malo?