Pongo la radio y está hablando el doctor Fuster. Una eminencia de cardiólogo. Director de la unidad de cardiología del hospital Monte Sinaí de Nueva York y premio Príncipe de Asturias entre mil y un honores más. Está diciendo que cada mañana hay que dedicar quince minutos a reflexionar. A decidir qué queremos en la vida, qué prioridades tenemos y cómo vamos a organizar la jornada. De lo contrario, explica, es cómo tomar un tren sin saber a dónde va. Sus palabras y su tono de voz me impactan. Se nota que es un hombre sabio. Decido hacerle caso en todo, hasta en dejar de fumar, un vicio que no acabo de sacarme y que él califica de «locura» por sus daños en el corazón, los pulmones y el intestino. Acongoja. Luego llego al periódico y una buena amiga me ha enviado una cita de Cicerón del año 55 antes de Cristo que dice: «El presupuesto debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado». En mi cabeza ambas cosas se unen y reflexiono: Si uno va en un tren que no sabe a dónde va es un drama, pero si lo mismo le pasa al país entero es una verdadera catástrofe.