Para tener menos de 40.000 habitantes, Vilagarcía suena mucho por ahí fuera. Más allá del Padornelo, me refiero. Muchas veces por nuestras historias de novela negra, pero también por la Festa da Auga y por los incontables sucesos cachondos y surrealistas de los que tantas veces somos protagonistas. Aquí siempre pasan cosas raras. Pero si algo de lo que aquí hacemos ha conseguido tener eco ha sido el Festival do Norte, que se celebra este fin de semana en Fexdega. En Galicia es una cita obligada, pero también hay gente que llega desde más lejos. Una vez, de cañas en la calle Huertas de Madrid un tipo me preguntó que de dónde era y cuando le dije que de Vilagarcía respondió: «anda, de donde el Festival do Norte, yo he estado allí». Organizar un evento así vale una pasta. Por eso es normal que las administraciones tengan que subvencionarlo. Sin embargo, a veces parece que les cuesta poner dinero en una cita cultural de este tipo. Aunque sea muchísimo más importante que las mil y una fiestas gastronómicas o los cursos de punto de cruz que pagamos entre todos. El Festival do Norte es cultura con mayúsculas, pero los políticos no acaban de creer en él solo porque no les reporta tantos votos directos como el pan y circo. O eso creen ellos.