26 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando algo es muy caro se dice que vale un riñón. ¿Cuánto vale una vida? La de Ana María Castro, una vecina de Ribadumia, vale exactamente eso. Un riñón. El que necesita para seguir viviendo. El que espera desde hace seis años. Por el que se desespera una y otra vez cuando ve que no llega. España es el primer país en donaciones de órganos del mundo. Tanto, que la próxima directiva europea sobre donaciones estará inspirada en nuestra ley. Pero todo este éxito no es suficiente. La verdad es que nunca lo es. Porque las buenas estadísticas son solo números que por el camino se dejan historias de verdad. De carne y hueso. De riñones, corazones, pulmones, hígados y médulas. De personas desesperadas como Ana María que ven su vida escapar en cada suspiro. Que son auténticos héroes. Pacientes de verdad. Esperando que la solidaridad de los demás les de una segunda oportunidad. Cuesta creer que en estos días tan negros, tan llenos de yo y tan faltos de nosotros. Tan colmados de egoísmos e individualismos. Tan pétreos de insensibilidad. Tan fríos. Cuesta creer, digo, que haya tanta gente que entregue una parte de su yo muerto para que haya un otro que siga viviendo. Pero Ana María espera. Y alguien debería hacer que dejase de esperar.